Hampi, al otro lado del río

– “Venga va, come con nosotros. Siéntate, prueba esto, y esto otro…
– “¿Pica mucho?
– “No hombre no, ¡qué va!

Hampi

Pero sí picaba… tanto que me empezó a sudar toda la cara. Ni siquiera el arroz blanco podía rebajar el picante. Pese a mis esfuerzos por disimular, todo el mundo se empezó a reír de mí, y yo con ellos. Tan sólo diez minutos antes me había separado del resto del grupo para hacer unas fotos a la orilla del río. En el porche de un pequeño templo, unas tres o cuatro familias comían juntas, a la sombra, la comida que habían llevado hasta allí en los típicos envases redondos y metálicos que se llevan apilados. Me invitaron a probar todo.

Comida en Hampi

Comida local India

Parte de mi improvisado menú

Estaba buenísimo, casero, local, picante… Perfecto. Mientras iba comiendo todos querían saber de dónde era, cómo me llamaba, si me gustaba Hampi, la India… La gente que iba entrando y saliendo del templo no quería ser menos y también me saludaba. Aunque mi mano estaba llena de las salsas de la comida, todos querían estrecharla. Y fotos, ¡claro!, todos me pedían un retrato con su señora o uno de su hija. Dejé la cámara fina entre el sudor de la cara y el pringue de mi mano derecha.

Niña Hampi

Para acabar la comida me ofrecieron un dulce que llamaban “Mysore sweet”, si yo lo entendí bien. Estaba muy bueno. Mientras felicitaba a la señora que los había preparado, ella seguía insistiendo en que me tomara otro y otro más. En ese momento, llegó el resto del grupo que presenté a mis anfitriones. Aquella comida improvisada me dejó claro, una vez más, una de las mejores cosas que tiene India: su gente. La gente sencilla, de campo, demostraba ser auténticamente hospitalaria, cercana y entrañable.

Retrato India

Unos minutos después empezamos a despedirnos continuando con la sesión fotográfica, ahora con todo el grupo, fuera del templo. Allí, al lado del río, la gente lavaba la ropa y la ponía a secar al sol sobre las piedras lisas que conformaban la ribera del río.

Secando ropa en el río

Era nuestro tercer día en Hampi y nos habíamos trasladado al otro lado del río, a una isla donde había menos guesthouses y negocios, más tranquila que el poblado principal. A este lado del río, la mayoría de los templos no eran históricos sino que, pese a ser también antiguos, seguían activos. A efectos prácticos, podría decirse que, por un lado, cambiamos muros y tallas de piedra por paredes encaladas y, por otro, turistas indios y los grupos de escolares por gente local.

Niñas jugando, Hampi India

Arrozales, Hampi, India

Al margen de la tranquilidad que encontramos en esa otra orilla también ganamos libertad alquilando unas motos ya casi en estado de descomposición. Con ellas recorrimos los templos cercanos disfrutando de los paisajes que hallábamos entre unos y otros, arrozales, rocas redondas, un gran lago y pequeñas aldeas… Pese a alguna rueda que perdía presión y otra que se tambaleaba al alcanzar cierta velocidad, las viejas motos cumplieron su función. Al llegar a alguna cuesta, a duras penas lográbamos subir con dos personas, salvo que hubiésemos pillado una buena carrerilla… En fin, algún numerito hicimos y nos echamos también unas buenas risas.

Moto India

Último modelo…

Arrozal, Hampi, India

En una parada para reponer fuerzas en un cruce, tomamos un chai. Hasta allí llegó un ‘Sadhu’ de un templo cercano con el que charlamos durante un rato. ‘Sadhu’ es una palabra que significa “buen hombre” en sánscrito y se utiliza para referirse a aquellas personas que han decidido vivir al margen -o en los límites- de la sociedad para centrarse en su práctica espiritual.

Sadhu, Hampi, India

Hampi, India

retrato Hampi, India

Una de las tardes enfilamos el camino de quinientos escalones que separa la llanura del templo de Hanuman, el dios mono del hinduismo, en lo alto de la montaña. Desde los descansillos que de vez en cuando ofrecían las interminables escaleras, se entreveía un paisaje espectacular que iba ganando a medida que subíamos.

Hanuman temple, Hampi, India

Retrato, Templo de Hanuman, Hampi, India

Templo de Hanuman, Hampi, India

Arriba el viento azotaba el pequeño templo cuyos habitantes más numerosos eran, como no, los monos. Esta vez no tuvimos ningún problema con ellos.

Templo de Hanuman, Hampi, India

Retrato, Templo de Hanuman, Hampi, India

Templo de Hanuman, Hampi, India

Disfrutamos del atardecer desde el que, quizás, era el punto más alto de la zona. Dejamos perderse la vista tras el río, las montañas de inmensas piedras redondeadas y los templos que íbamos descubriendo con la mirada aquí y allá.

Templo de Hanuman, Hampi, India

Templo de Hanuman, Hampi, India

Templo de Hanuman, Hampi, India

En otros templos, como el de Lakshmi, estaban preparando comida para los fieles que, poco a poco, iban llegando al lugar.

Templo de Lakshmi, Hampi, India

Templo de Lakshmi, Hampi, India

Niño en el Templo de Lakshmi, Hampi, India

Más tarde, en el templo de Durga también encontramos la cocina en pleno funcionamiento. Por desgracia, ya en nuestro último día, andábamos un poco justos de tiempo por lo que no pudimos quedarnos a comer.

Templo de Durga, Hampi, India

Templo de Lakshmi, Hampi, India

Templo de Lakshmi, Hampi, India

En ese templo nos sorprendió ver cientos de cocos envueltos de telas de colores e incluso otros cocos pintados en altares frente a los que la gente rezaba y hacía diversas ofrendas.

Templo de Durga, Hampi, India

Templo de Durga, Hampi, India

Templo de Durga, Hampi, India

Desde el templo de Durga, empezamos a caminar subiendo la montaña. Llegamos a una zona de vistas impresionantes desde donde vimos el templo de Lakshmi que habíamos visitado esa misma mañana.

Templo de Durga, Hampi, India

A mitad de camino, por fortuna, encontramos a una pareja local con su hijo que nos ayudó a encontrar el lugar que buscábamos, el llamado Cobra Temple, que estaba en algún lugar cercano, en una cueva natural. Les seguimos entre riscos y pasos muy estrechos, entrando por algún resquicio que amenazaba con cierta claustrofobia.

Templo de la Cobra, Hampi, India

Finalmente, llegamos a un profundo y estrecho hueco entre las rocas donde había un pequeño altar vigilado por un ‘Sadhu’. El espacio no debía tener más de 10m2. Por lo que nos contó, la cobra vive allí, entre esos riscos, pero parece ser que durante el día duerme y no sale. Casi mejor…

Cobra Temple, Hampi, India

De vuelta en el pueblo el tiempo se agotaba. Como os contábamos en el post anterior, Hampi es un reducto de mochileros y hippies que un día u otro derribarán, probablemente, para dar paso al turismo organizado. En el pueblo quizás lo único que no estaba a la altura del mochilero era el tema del alcohol, que en el hinduismo no está muy extendido.

Templo de Durga, Hampi, India

Durga Temple, Hampi, India

En Hampi, meditar en un ‘ashram’ o hacer yoga al amanecer es mucho más fácil que conseguir una birra. De todas formas, enseguida encontramos un par de restaurantes donde, a escondidas, nos sacaban “roncola” a precio de plato principal (esto es 2 ó 3 euros)… Sólo la última noche logramos encontrar un garito con unos chavales bastante enrollados donde tenían cerveza… Perfecto para el merecidísimo brindis de despedida.

Hampi

Nuestros días por el sur de la India llegaban a su fin. Acababa un viaje de sólo unos cuantos días para nosotros y de un año para Carlos y Pablo, que pronto volverían a Barcelona después de su periplo por el mundo.

Peluquería Hampi, India

Recordaré mis dos visitas a los primos en este “su año”, a Rapa Nui y ahora a India… En ambas, me encantó irrumpir en la rutina de quienes viajan por largo tiempo y sentirme parte de ese viaje aunque sólo fuese por unos días.

Peluquería Hampi, India

Ahora, con todos de vuelta en casa ¿A quién visitaremos? ¿Nadie se anima a dar la vuelta al mundo?  ;-)

Don’t worry, be Hampi

Las carreteras indias nos seguían sorprendiendo. En el carril contrario un camión viejísimo cortaba el tráfico. Estaba rodeado de gente recogiendo algo del suelo “¿Qué es eso?” “¿Se mueve?”… Era una imagen bastante desconcertante… Y sí, lo que estaban recogiendo se movía. Eran peces vivos que se retorcían y saltaban, ahogándose, sobre el calor del asfalto. Al parecer, el camión, que bien podía tener 50 años, llevaba agua y peces vivos como carga pero sin estar ni siquiera tapado. Un frenazo debió dar con gran parte de la carga fuera. Desde luego, ver todos esos peces retorciéndose en el suelo mientras la gente los recogía y los lanzaba al aire para meterlos de nuevo en el camión no es algo que veamos cada día.

Hampi

Después del lanzamiento de peces vivos, supongo que hablaros de adelantamientos dobles, conductores suicidas e incluso coches circulando en contra dirección por la autovía no os sorprenderá en exceso.

Hampi, India

En fin, como veis, las siete horas que empleamos en recorrer los 325 kilómetros que separaban Gokarna de Hampi dieron para mucho. La primera parada fue en un garito de carretera que no tenía mucha oferta. Aún era pronto por la mañana así que pedimos unos chais (té). Pablo tenía hambre y lo único que había por ahí era un congelador con helados. Ni corto ni perezoso decidió inventar el ‘helado de vainilla y chocolate mojado en chai’… Y aunque en ese momento todos los presentes nos reímos bastante; Pablo, yo estoy contigo: mezclar embutido y fruta también parecía raro y mira el melón con jamón que éxito tiene!

Hampi, India

Unas cuantas horas después paramos en una pequeña aldea a estirar las piernas y tomar otro chai porque veíamos que nuestro conductor se sobaba. En cinco minutos, todos los niños del colegio salieron para saludarnos. El encuentro, entre los “what is your country?” y “what is your name?” con cada uno de los niños así como la sesión fotográfica, se alargó para desesperación de nuestro chófer.

Hampi, India

Hampi, India

Al fin llegamos a Hampi. El pueblecito no era más que un desordenado conglomerado de hostels, agencias de viajes, tiendas de souvenirs y restaurantes en los que abundaba la comida vegetariana. Pero eso no era lo que nos había llevado hasta allí, sino el conjunto de 2.700 templos y ruinas de la histórica capital del Imperio Vijayanagara, que gobernó durante los S. XIV y XVI el sur de India.

Hampi, India

Hampi, India

Esa misma tarde, nos acercamos al templo de Virupaksha, que es el único de los antiguos templos al que aún se le da uso como lugar de culto. Pese a ser impresionante, quizás lo más interesante fue poder verlo lleno no sólo de algunos turistas sino de mucha gente local.

Hampi, India

Virupaksha, Hampi, India

Virupaksha

Virupaksha, Hampi, India

Al atardecer subimos una ladera de piedra lisa, rodeada de templos en ruinas, que quedaba al lado del pueblo. Desde allí vimos la puesta de sol.

Hampi, India

Hampi, India

Ganesha, Hampi, India

A la mañana siguiente arreglamos el precio con dos chicos que nos llevarían en ‘rickshaw’ por los principales templos durante todo el día. Vimos un montón de lugares interesantes… Si muchos de los templos eran ya de por sí impresionantes, el paisaje que los rodeaba no se queda atrás. Un paisaje como de otro mundo, con unas formaciones rocosas redondeadas, muy particulares, rodeadas de campos de arroz y palmerales. Todos coincidimos en que los templos sin esos paisajes no serían lo mismo y viceversa.

Hampi, India

Hampi, India

Hampi, India

Al lado de uno de los templos un vendedor ambulante nos descubrió una bebida de soda con limón que se preparaba con azúcar o con sal y pimienta. Es verdad que el probre hombre lavaba los vasos pasándolos por un agua de dudosa procedencia pero aun así nos decidimos. Estaba muy bueno y, por fortuna, nos sentó bien y no tuvimos que arrepentirnos unas horas después.

Hampi, India

Hampi, India

En otros templos, coincidimos con grupos de escolares que estaban de excursión. Como no podía ser de otra forma, después de contestar una y mil veces a las preguntas de dónde éramos y cómo nos llamábamos, empezaba una interminable sesión fotográfica. En una ocasión, el desenfreno llegó a ser tal que una masa de niños arrastraron a Martina y Pablo hasta tirarlos al césped!

Hampi, Karnataka, India

Hampi, India

Acabamos la excursión de nuevo en lo alto de una rocas viendo el atardecer y regresamos al pueblo ya de noche. Al llegar, una humareda densa y desconcertante invadía todos los callejones de Hampi.

Hampi, India

– ¿Oye, aquí las vacas fuman?
– Jejeje! No!
– ¡Pues se os debe estar quemando el pueblo!
– Jajaja! Es que están fumigando contra los mosquitos.
– ¿Cómo? ¿Fumigáis el pueblo entero? Jajajaja!

Al llegar al callejón de nuestro hostel, unos niños corrían como locos detrás de una moto que tenía instalado una especie de motor cuyo tubo de escape expulsaba el humo que provocaba aquella intensa neblina.

Hampi, India

Después del incidente de los peces y el de la niebla, me vino a la mente ese pensamiento de que en India puedes ver cada día algo que jamás has visto antes en tu vida.

Hampi, India

Calle en Hampi, India

Paseamos un rato por el pueblo donde se podría decir que todo el mundo vive del turismo. Al contrario que en otras zonas que conocimos de India, como Varanasi o Agra, se agradecía que los vendedores no fuesen tan insistentes… De hecho, tras rechazar un par de veces sus ofertas, era posible empezar a hablar con ellos de otras cosas.

Hampi, India

Hampi, India

Buscamos un restaurante que recomendaba la guía un poco fuera del poblado. Caminamos río arriba a oscuras, entre cabras, y no vimos ninguna luz. Desistimos y volvimos al pueblo donde nos dijeron que aquel lugar ya no existía, lo habían tirado abajo.

Hampi, India

Hampi, India

Hampi, India

Averiguando un poco más charlando con gente local, supimos que el plan del gobierno indio es derruir el pueblo de Hampi que, ciertamente, no es más que unas guesthouses agolpadas en la ribera del río sin orden ni concierto. Todos en el pueblo conocen los planes del gobierno que pasan por construir un aeropuerto cerca y unos cuantos hoteles de lujo en Hospet, que es la ciudad más cercana a las ruinas.

Hampi, India

Hampi, India

Hampi, India

Visto desde fuera, eso tendría sentido. Al fin y al cabo, Hampi fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad, por sus paisajes y sus 2.700 templos, por lo que debería ser uno de los principales destinos turísticos del sur de India. La realidad, en cambio, es que sólo se puede llegar a Hampi por carretera y en tren hasta Hospet, a unos 30 kms. de las ruinas. El aeropuerto principal más cercano es el de Bangalore a unas 9 horas en autobús.

Hampi, India

Hampi, India

Templo Hampi, India

Hampi, India

Por lo que nos dijeron, ya han derribado algunas construcciones. La notificación para el desalojo suele llegar sólo con 5 ó 10 días de preaviso. En cualquier momento, esas callecitas llenas de puestos de souvenirs, agencias de viaje, guesthoses y restaurantes por las que caminábamos, dejarán de existir. Sus habitantes deberán realojarse forzosamente en Hospet o en algún poblado cercano. Nos sorprendió que no hubiese protestas. Al parecer, la gente no se ha unido con fuerza, no hay comunidad sino más bien la voluntad de exprimir ese asentamiento ilegal construido para el turismo ‘backpacker’ mientras se pueda y sin pensar más allá. 

Hampi, India

Hampi, India

Hampi, India

Mientras tanto, todas esas circunstancias han hecho de Hampi un lugar exclusivo para mochileros o nuevos hippies. No hay ningún hotel y el alojamiento es muy uniforme en cuanto a calidad. Una habitación doble con ventilador y baño privado (con agua caliente a ciertas horas) sale entre 7 y 20 euros en plena temporada alta.

Templo, Hampi, India

Hampi, India

Hampi, India

No sabemos cuánto tiempo más seguirá en pie ese asentamiento junto a las ruinas pero nosotros hemos disfrutado de ciertas comodidades que no habíamos tenido aún en toda la ruta, en la que no habíamos pisado ni un sitio verdaderamente turístico… No nos vamos a engañar, después de ocho días comiendo con las manos, ver en una carta una pizza o cualquier cosa que con certeza no iba a picar ya era un alivio. Eso por no hablar del café expreso del bueno que había en algunos lugares. ¡Ay! ¡Con qué poco se puede ser feliz!

Hampi, India

Hampi, India

Hampi, India

Aún nos quedaban unos días más antes de encarar el regreso. Las últimas historias desde el sur de India os llegarán desde la otra orilla del río.

Hampi, India

Una Nochevieja en la playa

De madrugada iniciamos nuestro camino hacia el norte. Gokarna era nuestro destino, 370 kms. de carretera que tardamos 8 horas en recorrer. La guía describía Gokarna y sus alrededores como un lugar tranquilo, poco desarrollado y rodeado de playas paradisíacas; algo similar a como era hace años la ahora zona turística de Goa, unos 150 kms. más al norte. Lo cierto es que sonaba muy bien pero nuestros temores seguían ahí. Era la noche de fin de año y no teníamos alojamiento reservado. Nuestras llamadas desde Kannur intentando reservar cualquier lugar disponible sólo tuvieron como respuesta el ya clásico “Sorry, it’s fully booked”.

Om beach

Mujer Gokarna, India

Aun así, cargados de moral le dijimos al conductor que nos llevara hasta ‘Om Beach’ que, según la guía era la mejor playa de la zona. Así que todas las fichas al mismo número… Al menos, si no encontrábamos un lugar donde dormir, pasaríamos la noche sobre la arena de la mejor playa de Gokarna. El camino de tierra que se acercaba a la playa estaba lleno de rickshaws (tuc-tucs), coches aparcados de cualquier manera y cientos de indios yendo y viniendo… Estaba claro que iba a ser imposible encontrar un lugar disponible para dormir allí.

Cow in Om beach, Gokarna, India

Om beach, Gokarna, India

Ya sin apenas un gramo de esperanza, Pablo y yo nos acercamos a la recepción del “Namasté Café”, un resort muy sencillo con restaurante y bar a pie de playa. Para nuestra sorpresa, nos dijeron que sí, que tenían 3 habitaciones dobles para nosotros, sin problema.

– “¡Pero si ayer llamamos y nos dijisteis que estaba todo completo!”
– “Ah, ya, es que no reservamos por teléfono…”
– “¡¡¡¿¿¿???!!!”

Y yo me pregunto… ¿No hubiese sido más fácil decir que no reservabais y que sí habría sitio? En fin, India…

Om beach, Gokarna, India

Bueno, ¡lo que sea! Ya teníamos habitación. Volvimos a la furgo a avisar al resto del equipo… Nos acercamos cabizbajos como si no hubiésemos conseguido nada y… -“¡Venga! ¡Coged las mochilas que tenemos habitación!”. A la media hora, la mitad del grupo estaba en la terraza tomando unas ‘Kingfisher’ y los otros dándose un baño en la playa. En cuestión de minutos pasamos del pesimismo a la euforia… había salido todo redondo.

Cerveza India

Antes de que se pusiera el sol aún quedaba un montón de gente en la playa. Por lo que vimos, esa zona era muy popular entre los turistas indios, que eran amplia mayoría. Comprobamos que en India no sería muy buena idea dedicarse a vender bañadores: las mujeres se bañaban siempre vestidas y la mayoría de hombres en calzoncillos.

Om beach, Gokarna, India

Om beach, Gokarna, India

Parecía, además, como si muchos de ellos jamás se hubiesen bañado antes en el mar. Entraban al agua en grupo y siempre hasta donde podían hacer pie… Luego se ponían en corro, saltaban levantando el agua con las manos y gritaban como auténticos posesos, rompiendo con la tranquilidad potencial que tendría el lugar.

Om beach, Gokarna, India

Om beach, Gokarna, India

Por si todo ese desenfreno acuático-hindú fuese poco para dar ambiente a la playa, nos íbamos cruzando con vacas que campaban por allí a sus anchas… Lo mismo una pasaba por encima de tu toalla como le daba por comerse una chancleta. Si aquellas vacas eran lo más desubicado respecto a nuestra imagen prototípica de una playa, tampoco se quedaba corta una pareja de policías, vestidos de verde con unos zapatos negros impecables, que controlaban que nadie bebiese alcohol en la arena.

Om beach, Gokarna, India

Om beach, Gokarna, India

No sabemos si era por la presencia de esos elegantes policías pero, para los estándares indios, tanto la arena como el agua estaban bastante limpias.

Om beach, Gokarna, India

Om beach, Gokarna, India

Om beach, Gokarna, India

Caía el sol y debíamos ir organizando la velada de Nochevieja… Un camarero que nos fuimos ganando a base de propinas nos iba a reservar una mesa para los seis y nos advirtió que el bar cerraría a las once y media. –“¿Perdón? ¡Pero si es fin de año!” Al parecer a esa hora dejaban de servir comida y bebida pero podríamos quedarnos en la terraza todo el tiempo que quisiéramos.

Namaste cafe, Om beach, Gokarna, India

En realidad, nuestro fin de año no es una celebración típica india. Los hindús y los sikhs tienen su propio año nuevo, el Diwali, que cae entre mediados de octubre y de noviembre. Lo celebran estrenando ropa nueva, compartiendo dulces y tirando petardos y fuegos artificiales. La entrada del año nuevo hindú es una de las noches más significativas y alegres del año en India. En definitiva, para los indios nuestro fin de año no era más que una excusa para echar cuatro cohetes y trasnochar un poco…

Fin de año Om beach, Gokarna, India

Tal y como nos adelantó nuestro amigo el camarero, a las once y media empezaban a cerrar el bar así que hicimos acopio de unas cuantas cervezas más. El wifi no daba ni para descargar el sonido de las campanadas así que, cuando el móvil marcó la medianoche, emulamos las doce campanadas chocando dos botellas de Coca-Cola. En lugar de uvas nos comimos doce Corn Flakes de mango cada uno y brindamos con cerveza y un poco de whisky que Pablo cargaba desde la tarde en Coorg.

Gokarna

A esa hora aún había ambiente en la playa, vimos algún cohete y petardos. La gente, muy simpática, nos deseaba feliz año nuevo y nos preguntaba, cómo no, de dónde éramos y cómo nos llamábamos.

Aunque desenfocada (por la falta de luz no por la bebida...) vale para ilustrar el fiestón...

Aunque desenfocada (por la falta de luz no por la bebida…) vale para ilustrar el fiestón…

Con un poco de música del móvil y charlando se nos fue pasando el rato hasta que se acabó primero el whisky y después las cervezas, que ya estaban calientes. Nuestro camarero estaba aún por ahí, celebrando con unos amigos, y aún nos pudo ofrecer un poquito de ron… Nos quedamos en la terraza hasta que ya sólo quedaban las vacas comiendo los restos de la fiesta en la playa… Sí, a nuestra edad aún seguimos cerrando todas las fiestas. Eso sí, eran sólo las dos y media.

Fin de año, Om beach, Gokarna, India

A pesar de que no trasnochamos en exceso, al día siguiente nos lo tomamos con calma. Fuimos a una playa cercana llamada Kudle beach que era más amplia y larga que Om beach y con más turismo internacional. También había más oferta de restaurantes y hostels.

Kudle beach, Gokarna, India

Kudle beach, Gokarna, India

Kudle beach, Gokarna, India

La presencia de las vacas ya no nos llamaba tanto la atención como el día anterior aunque el paseo de un extremo a otro de la playa era entretenido. Algunos chicos jugaban a vóley playa, unas señoras cargaban cajas con bebidas para los restaurantes y abundaban los vendedores de cocos y alhajas baratas…

Kudle beach, Gokarna, India

Kudle beach, Gokarna, India

Om beach, Gokarna, India

Kudle beach, Gokarna, India

Un buen curry a pie de playa para reponer fuerzas

Fueron dos noches de relax que nos vinieron muy bien antes de seguir nuestro camino. Un fin de año como nunca lo habíamos vivido: con calor y bañándonos en el océano; en unas playas cuyo exotismo no se hallaba en una arena blanca, un agua turquesa y unas cuantas palmeras, sino en los bañistas indios, las vacas y los policías uniformados… ¡que tampoco está nada mal!

Kudle beach, Gokarna, India

¡Feliz 2015!

 

Los dioses de Kerala

La mañana siguiente no nos fue mucho mejor que la noche anterior. La Nochevieja se aproximaba y, en plena temporada alta, lo lógico era dedicar un tiempo a buscar el transporte hacia nuestro siguiente destino e intentar tener algo reservado para fin de año. La idea era viajar en tren esa misma noche hacia el norte, en un coche cama, y ahorrarnos así una noche más en el destartalado y sucio “Hotel Meridian” de Kannur.

Theyyam

A las ocho abrían las taquillas de reserva de los trenes, pero la visita a la estación fue un desastre. No había billetes en ninguna clase. La única alternativa era comprar un billete “unreserved” para el tren nocturno. Con ese billete podíamos viajar en el vagón de clase más baja, presumiblemente, de pie. Decidimos probar con el autobús pero la visita a la estación fue en vano… Con una conexión wifi intentamos reservar algún sitio en la playa para la noche de fin de año pero todo estaba lleno, llamamos a varios hostels y guesthouses… “Sorry, it’s fully booked”.

Theyyam

No nos quedó alternativa; teníamos que coger otra vez el toro por los cuernos y rascarnos el bolsillo. Tras casi cinco horas de gestiones y con la moral del equipo mermada, acabamos reservando un taxi privado que nos llevaría hacia el norte al día siguiente, donde no teníamos sitio para dormir. “Siempre nos quedará la playa” pensamos…

Theyyam

Con los deberes a medio hacer, intentamos empezar a disfrutar de los alrededores de Kannur… Dos rickshaws (tuc-tucs) nos acercaron a la playa. Las expectativas no eran excesivamente altas, más aún con la mañanita que llevábamos… Al fin, veíamos el océano en una playa amplia y larga en la que no había nadie. Era la playa de Totthada, de arena clara y fina, casi virgen, rodeada de palmeras… Un lugar idílico para lo que podíamos haber esperado de una playa tan cercana a la sucia y ruidosa Kannur.

Totthada beach

Totthada beach

Para los seis fue nuestro primer baño en el Océano Índico. Al lado de la playa nos acercamos a un guesthouse precioso, regentado por una señora amabilísima. Ella nos recomendó ir a un Theyyam, un ritual típico de la zona del que nos había hablado Martina… No nos lo pensamos y, sin comer, nos dirigimos en un par de tuc-tucs hacía el templo de una aldea cercana a Kannur llamada Kavinissery.

Theyyam india

Cientos de zapatos y chancletas desperdigadas frente a la entrada del templo nos dieron la bienvenida, dejando claro que el ritual era todo un acontecimiento en el pueblo. Nos descalzamos y cruzamos el arco de entrada. Nos sentíamos observados por la multitud y sorprendidos por la timidez de la gente, en especial de los niños… Decidí caminar un poco por el recinto antes de empezar a hacer fotos.

Theyyam kerala

Los rituales Theyyam son típicos del norte de Kerala, hay unos 450 diferentes. Sus orígenes, al parecer, están en bailes ancestrales con los que se celebraban las cosechas.

Theyyam india

Theyyam

Pasado un rato, tras unos cuantos saludos y sonrisas, parecía que la gente se iba olvidando de nuestra presencia y hasta nosotros empezamos a olvidarnos de que allí éramos los extraños. Pablo empezó a charlar con un chico del pueblo que nos fue explicando algunos detalles del ritual.

Theyyam kerala

Nuestro colega nos comentó que casi todos los presentes se conocían y que, incluso, había gente del pueblo que ahora vive en Bangalore u otras ciudades grandes que había venido para ver el Theyyam. La ocasión lo merecía: este Theyyam se celebra en el templo de Kavinissery sólo una vez cada dos años.

Theyyam ritual india

En el patio del templo tres hombres representaban diferentes divinidades. Sus vestidos eran impresionantes, en especial uno que debía medir unos seis metros de alto. El maquillaje era excelente, tan fino que debían tardar horas en prepararlo.

Theyyam

kerala Theyyam

maquillaje Theyyam

Los devotos piden ayuda a estos dioses para resolver sus problemas de familia, dinero, amor, salud… Para ello dan una ofrenda (casi todas de 10 rupias, unos 7 céntimos de euro). El Dios les bendice y les dice qué hacer; normalmente deberán ir a uno u otro templo a rezar.

Theyyam

Dios Theyyam

Al cabo de un rato, la multitud empezó a rodear una báscula gigante que había en el patio. Boquiabiertos, vimos como se colocaban, de un lado, niños, bebés y también mujeres por turnos, mientras que del otro lado iban equilibrando el peso con sacos de harina, plátanos o cocos. Parece ser que la persona que se sentaba en la báscula recibía su peso en fruta o harina.

Báscula Theyyam

Theyyam ritual india

Imagino que ya seremos un poco famosos en Kavinissery porque nos hicimos cientos de fotos con la gente del pueblo.

Rezo Theyyam

Me sorprendió un padre que se me acercó con sus dos hijas y me las puso delante. Las niñas se quedaron quietas, posando, mientras su padre me pedía que les hiciera una foto. Así lo hice. Me dio las gracias efusivamente y ya parecía irse cuando le dije que esperase, que le podía enseñar la foto en la pantalla. Le encantó.

niñas Theyyam

Bueno, quizás eran primas porque mucho no se parecen…

Theyyam

Mientras tanto, seguíamos resolviendo dudas con nuestro amigo… Como, por ejemplo, por qué habíamos visto en la zona tantos signos comunistas como banderas y signos de partidos políticos con la hoz y el martillo, pintadas de la cara de Che Guevara… Nos explicó que en esa zona había mucho auge del comunismo, aunque no acabamos de tener claro si la zona la gobernaba un partido comunista o no.

Comunismo Kerala

El caso es que nos sorprendió mucho que el chico conociera no sólo al Che, sino también a Fidel y Raúl Castro, Chávez y Maduro… así como las últimas noticias llegadas de Cuba. Cuando le dijimos que parte de la familia de Gaby es de Rosario (ciudad natal del Che), él y todos sus amigos se tuvieron que hacer una foto más con ella.

Selfie Theyyam

Mientras seguíamos charlando, unos niños nos trajeron un montón de plátanos para merendar. ¡Probablemente debían ser parte del peso de su madre!

Theyyam kerala

De noche empezaron a sonar unos tambores. Siguiendo su ritmo repetitivo, casi hipnótico, las divinidades empezaron a bailar hasta, supuestamente, entrar en trance. En ese momento, se entiende que el espíritu del dios toma el cuerpo del hombre que lo representa.

Baile ritual Theyyam india

Theyyam

No logramos averiguar si las divinidades se ayudaban de alguna sustancia psicotrópica para alcanzar el trance… Aunque, a decir verdad, algún miembro del séquito que acompañaba a los dioses sí parecía estar bajo los efectos de alguna droga.

Theyyam india

Poco a poco nos fuimos despidiendo de los chicos que habíamos conocido. Nos tomamos un helado con unos cuantos niños y volvimos hacia el centro de Kannur. Allí nos esperaba, por segunda noche consecutiva, la cama (dura como ella sola) del decrépito “Hotel Meridian”.

Helado kerala

Vendedor de helados Kerala

Habíamos empezado el día muy mal. Sólo con los problemas organizativos, la visita a la estación de tren, la de buses y el hotel, ya hubiésemos tenido suficientes motivos para odiar Kannur.

Kannur India

Pero el baño en aquella playa fue un premio y poder sumergirnos en aquel ritual una experiencia única. Paseando de vuelta al hotel, ya había hecho las paces con las calles sucias y oscuras de Kannur.

Kannur

Al día siguiente saldríamos hacia las playas de Gokarna donde recibiríamos el nuevo año. “Sorry, it’s fully booked” recordaba una y otra vez… ¿Encontraríamos un sitio para dormir?

Bus KannurLa respuesta en la siguiente entrega…

¡Hasta entonces!