Los dioses de Kerala

La mañana siguiente no nos fue mucho mejor que la noche anterior. La Nochevieja se aproximaba y, en plena temporada alta, lo lógico era dedicar un tiempo a buscar el transporte hacia nuestro siguiente destino e intentar tener algo reservado para fin de año. La idea era viajar en tren esa misma noche hacia el norte, en un coche cama, y ahorrarnos así una noche más en el destartalado y sucio “Hotel Meridian” de Kannur.

Theyyam

A las ocho abrían las taquillas de reserva de los trenes, pero la visita a la estación fue un desastre. No había billetes en ninguna clase. La única alternativa era comprar un billete “unreserved” para el tren nocturno. Con ese billete podíamos viajar en el vagón de clase más baja, presumiblemente, de pie. Decidimos probar con el autobús pero la visita a la estación fue en vano… Con una conexión wifi intentamos reservar algún sitio en la playa para la noche de fin de año pero todo estaba lleno, llamamos a varios hostels y guesthouses… “Sorry, it’s fully booked”.

Theyyam

No nos quedó alternativa; teníamos que coger otra vez el toro por los cuernos y rascarnos el bolsillo. Tras casi cinco horas de gestiones y con la moral del equipo mermada, acabamos reservando un taxi privado que nos llevaría hacia el norte al día siguiente, donde no teníamos sitio para dormir. “Siempre nos quedará la playa” pensamos…

Theyyam

Con los deberes a medio hacer, intentamos empezar a disfrutar de los alrededores de Kannur… Dos rickshaws (tuc-tucs) nos acercaron a la playa. Las expectativas no eran excesivamente altas, más aún con la mañanita que llevábamos… Al fin, veíamos el océano en una playa amplia y larga en la que no había nadie. Era la playa de Totthada, de arena clara y fina, casi virgen, rodeada de palmeras… Un lugar idílico para lo que podíamos haber esperado de una playa tan cercana a la sucia y ruidosa Kannur.

Totthada beach

Totthada beach

Para los seis fue nuestro primer baño en el Océano Índico. Al lado de la playa nos acercamos a un guesthouse precioso, regentado por una señora amabilísima. Ella nos recomendó ir a un Theyyam, un ritual típico de la zona del que nos había hablado Martina… No nos lo pensamos y, sin comer, nos dirigimos en un par de tuc-tucs hacía el templo de una aldea cercana a Kannur llamada Kavinissery.

Theyyam india

Cientos de zapatos y chancletas desperdigadas frente a la entrada del templo nos dieron la bienvenida, dejando claro que el ritual era todo un acontecimiento en el pueblo. Nos descalzamos y cruzamos el arco de entrada. Nos sentíamos observados por la multitud y sorprendidos por la timidez de la gente, en especial de los niños… Decidí caminar un poco por el recinto antes de empezar a hacer fotos.

Theyyam kerala

Los rituales Theyyam son típicos del norte de Kerala, hay unos 450 diferentes. Sus orígenes, al parecer, están en bailes ancestrales con los que se celebraban las cosechas.

Theyyam india

Theyyam

Pasado un rato, tras unos cuantos saludos y sonrisas, parecía que la gente se iba olvidando de nuestra presencia y hasta nosotros empezamos a olvidarnos de que allí éramos los extraños. Pablo empezó a charlar con un chico del pueblo que nos fue explicando algunos detalles del ritual.

Theyyam kerala

Nuestro colega nos comentó que casi todos los presentes se conocían y que, incluso, había gente del pueblo que ahora vive en Bangalore u otras ciudades grandes que había venido para ver el Theyyam. La ocasión lo merecía: este Theyyam se celebra en el templo de Kavinissery sólo una vez cada dos años.

Theyyam ritual india

En el patio del templo tres hombres representaban diferentes divinidades. Sus vestidos eran impresionantes, en especial uno que debía medir unos seis metros de alto. El maquillaje era excelente, tan fino que debían tardar horas en prepararlo.

Theyyam

kerala Theyyam

maquillaje Theyyam

Los devotos piden ayuda a estos dioses para resolver sus problemas de familia, dinero, amor, salud… Para ello dan una ofrenda (casi todas de 10 rupias, unos 7 céntimos de euro). El Dios les bendice y les dice qué hacer; normalmente deberán ir a uno u otro templo a rezar.

Theyyam

Dios Theyyam

Al cabo de un rato, la multitud empezó a rodear una báscula gigante que había en el patio. Boquiabiertos, vimos como se colocaban, de un lado, niños, bebés y también mujeres por turnos, mientras que del otro lado iban equilibrando el peso con sacos de harina, plátanos o cocos. Parece ser que la persona que se sentaba en la báscula recibía su peso en fruta o harina.

Báscula Theyyam

Theyyam ritual india

Imagino que ya seremos un poco famosos en Kavinissery porque nos hicimos cientos de fotos con la gente del pueblo.

Rezo Theyyam

Me sorprendió un padre que se me acercó con sus dos hijas y me las puso delante. Las niñas se quedaron quietas, posando, mientras su padre me pedía que les hiciera una foto. Así lo hice. Me dio las gracias efusivamente y ya parecía irse cuando le dije que esperase, que le podía enseñar la foto en la pantalla. Le encantó.

niñas Theyyam

Bueno, quizás eran primas porque mucho no se parecen…

Theyyam

Mientras tanto, seguíamos resolviendo dudas con nuestro amigo… Como, por ejemplo, por qué habíamos visto en la zona tantos signos comunistas como banderas y signos de partidos políticos con la hoz y el martillo, pintadas de la cara de Che Guevara… Nos explicó que en esa zona había mucho auge del comunismo, aunque no acabamos de tener claro si la zona la gobernaba un partido comunista o no.

Comunismo Kerala

El caso es que nos sorprendió mucho que el chico conociera no sólo al Che, sino también a Fidel y Raúl Castro, Chávez y Maduro… así como las últimas noticias llegadas de Cuba. Cuando le dijimos que parte de la familia de Gaby es de Rosario (ciudad natal del Che), él y todos sus amigos se tuvieron que hacer una foto más con ella.

Selfie Theyyam

Mientras seguíamos charlando, unos niños nos trajeron un montón de plátanos para merendar. ¡Probablemente debían ser parte del peso de su madre!

Theyyam kerala

De noche empezaron a sonar unos tambores. Siguiendo su ritmo repetitivo, casi hipnótico, las divinidades empezaron a bailar hasta, supuestamente, entrar en trance. En ese momento, se entiende que el espíritu del dios toma el cuerpo del hombre que lo representa.

Baile ritual Theyyam india

Theyyam

No logramos averiguar si las divinidades se ayudaban de alguna sustancia psicotrópica para alcanzar el trance… Aunque, a decir verdad, algún miembro del séquito que acompañaba a los dioses sí parecía estar bajo los efectos de alguna droga.

Theyyam india

Poco a poco nos fuimos despidiendo de los chicos que habíamos conocido. Nos tomamos un helado con unos cuantos niños y volvimos hacia el centro de Kannur. Allí nos esperaba, por segunda noche consecutiva, la cama (dura como ella sola) del decrépito “Hotel Meridian”.

Helado kerala

Vendedor de helados Kerala

Habíamos empezado el día muy mal. Sólo con los problemas organizativos, la visita a la estación de tren, la de buses y el hotel, ya hubiésemos tenido suficientes motivos para odiar Kannur.

Kannur India

Pero el baño en aquella playa fue un premio y poder sumergirnos en aquel ritual una experiencia única. Paseando de vuelta al hotel, ya había hecho las paces con las calles sucias y oscuras de Kannur.

Kannur

Al día siguiente saldríamos hacia las playas de Gokarna donde recibiríamos el nuevo año. “Sorry, it’s fully booked” recordaba una y otra vez… ¿Encontraríamos un sitio para dormir?

Bus KannurLa respuesta en la siguiente entrega…

¡Hasta entonces!

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Los ghats del café

Sentados en la última fila de aquel autobús local todos los pasajeros nos miraban mientras el vendedor de billetes le gritaba al conductor que parase el bus. Cuando parecía que la discusión había llegado a su punto más álgido, algunos de los pasajeros intervinieron hablando en un idioma que no entendíamos. Daba igual, estaba claro que ya era todo el autobús contra nosotros seis: “¡Si no pagan que se bajen aquí mismo!” Con el aliento popular, nuestro desgraciado contrincante ganó aún más autoridad mientras continuaba gritándonos.

India

Pero sí habíamos pagado… La noche anterior reservamos los billetes desde la página web de la empresa de buses. ¡Pero el vendedor del bus no debía saber ni qué era internet! Daba igual que le enseñáramos la reserva de los billetes en la pantalla del portátil de Carlos o hasta el SMS de mi móvil, donde decía que habíamos pagado 702 rupias (unos 10 €) a la empresa KSRTC. También iba a dar igual enseñarle que el autobús llevaba escrito en el exterior la web donde habíamos comprado los billetes www.ksrtc.in. O pagábamos otra vez o nos bajábamos allí mismo, en mitad de la carretera. Por supuesto, no era una cuestión de dinero sino de algo mucho más importante: ¡era una cuestión de honor! Mmm… Ok… Sí, vale… Cuando ya vimos que el autobús iba a parar de verdad para dejarnos ahí tirados, tuvimos que tragarnos todo el orgullo y pagar de nuevo para regocijo de todo el pasaje y deleite del revisor, que se alzaba como -injusto- vencedor.

Coorg Madikeri

Una horita más tarde, paramos en un pueblo donde bajamos a estirar las piernas. Un chico que venía en el bus se me acercó y me preguntó por el altercado… Le expliqué la historia y me dijo que si el revisor no ve dinero, no te deja quedarte en el bus. El revisor no iba a entender que habíamos comprado un billete por internet. Charlamos un rato más, era un chaval muy agradable. Al final de la conversación, me pidió disculpas por lo sucedido y nos deseó que aquello no enturbiase nuestro viaje. La situación en el bus fue muy tensa y, aunque ahora me parezca una tontería, en aquel momento la conversación con ese chico fue como una redención, como si, de repente, hubiese hecho las paces con todo el autobús.

Camino Coorg

Al llegar a nuestro destino, intentamos recuperar el dinero en la pequeña oficina de venta de billetes de KSRTC. En cinco minutos, nos rodeaban una decena de trabajadores de la empresa, incluido el vendedor con el que habíamos tenido el altercado. Lo intentamos y, aunque en esta ocasión estuvimos más cerca de conseguirlo, de nuevo, sufrimos una ignominiosa derrota. Sólo nos quedaba llamar a un número de teléfono para reclamar… No quiero ni imaginarme cómo nos hubiera ido de haberlo intentado.

Carnicería India

Ahora nos tocaba encontrar alojamiento para la noche. Estábamos en la región de Coorg, en las montañas conocidas aquí como los ghats occidentales, famosas por sus plantaciones de café. Queríamos evitar quedarnos en Madikeri, la ciudad a la que habíamos llegado y que funciona como el “hub” de la región. En plena temporada alta, no nos resultó fácil conseguir hospedaje en las plantaciones cercanas. Finalmente, los chicos de una agencia encontraron un lugar para los seis en la casa de unos campesinos. Nada más salir de Madikeri, la carretera secundaria se adentró en una vegetación exuberante. El paraje donde estaba la casa era precioso y muy tranquilo.

Plantación café

Con muy buen criterio, Pablo compró unas cuantas cervezas y una botella de whisky en la ciudad mientras nosotros acordábamos los detalles del alojamiento. Bebiendo y charlando se nos hizo de noche. Sobre las nueve cenamos la comida casera que nos habían preparado nuestros anfitriones. Estaba tan buena como picante y, de nuevo, a falta de cubiertos, volvimos a comer con las manos…

Comida Karnataka

La cena… picanteee!!!

India

A primera hora de la mañana siguiente, dimos un paseo por la finca y los alrededores donde empezamos a ver las plantaciones de café. También vimos que cultivaban plátanos, pimienta, arroz y hasta alguna flor de pascua…

Campesinos

Café Karnataka

Café…

pimienta

… y pimienta

Volvimos a la casa para el desayuno, que fueron unas “dosas” (una especie de torta salada) acompañadas por una salsa picante de color claro que sabía y olía, básicamente, a ajo.

Coorg

Rickshaw

Bosque

Después del desayuno, uno de los chicos que nos consiguió el alojamiento la noche anterior nos pasó a recoger con un jeep para llevarnos a unas cascadas cercanas y, después, a lo alto de una montaña… Más que los lugares, lo mejor del día fue poder interactuar con la gente local y con los turistas indios.

Cascada

Jeep

Retrato

Creo que en todo el día no nos cruzamos con ningún turista extranjero. A la gente local le encanta que le fotografíen con lo que acabé el día con más fotos de gente que de los lugares en sí. Además de las fotos, todos nos preguntaban de dónde éramos y cómo nos llamábamos. Cuando nos cruzamos con algún grupo de niños, nos rodeaban y empezábamos a oír esas dos frases que nos acompañarían durante todo el viaje: “What is your country?” “What is your name?”

Montañas

Retrato Karnataka

Karnataka

A primera hora de la tarde, empezamos el camino hacia el suroeste que nos debía llevar a la costa norte de Kerala. No había fallo: de Madikeri salía un bus hacia Virajpet y, desde ese pueblo, saldría otro hasta Kannur, nuestro destino en la costa. Pero, ¡espera! que estamos en India… ¿Iba a ser realmente tan fácil?

Retrato

Virajpet

La respuesta era no. Una vez en Virajpet, el pueblo del supuesto trasbordo de bus, nos dijeron que no había bus a Kannur. Otra gente, en cambio, aseguraba que sí, que el bus pasaría a las cinco por aquel transitado cruce en el que nos encontrábamos. Mientras esperábamos, nos distrajimos tomando un chai (té) y charlando con la gente local.

Virajpet

Pico y pata

Pico y pata

Bien pasadas las cinco, los hechos confirmaron que por ahí no iba a pasar ningún bus hacia Kannur. En una hora anochecería y estábamos a unos 80 kms. de nuestro destino; en tiempo indio, unas dos horas de camino.

Virajpet

Debíamos hacer algo, así que, mientras el grupo hacía guardia a pie de carretera, me fui a averiguar si alguien nos podría llevar a los seis a Kannur con una camioneta o similar. Asalté a todo aquel que llevase un vehículo en el cupiésemos todos. Al tercer o cuarto intento conseguí que llamaran a un tipo que apareció en cinco minutos con un jeep. Cerramos el trato y nos apretujamos todos en el coche camino a Kannur. Viajar por India sin planear nada puede ser desesperante, sobre todo si no se tiene mucho tiempo. Al menos, echándole morro y con algo de dinero siempre se encuentra una solución.

retrato india

Nos ubicamos en el vehículo con todas las mochilas como buenamente pudimos e iniciamos el camino que nos llevaría a la costa cambiando de estado, de Karnataka a Kerala.

Camino a Kannur

A la incomodidad del vehículo se unió la carretera de curvas, los adelantamientos suicidas, y el humo de los vetustos camiones cuya carga triplicaba en tamaño y peso al camión en sí… Sentados en la parte de atrás del jeep, nos protegíamos del polvo y el olor a gasoil con algún pañuelo mientras veíamos acercarse a toda velocidad a los autobuses suicidas que se arrimaban a nosotros más que José Tomás a un toro… Digamos que hubo un par de momentos de tensión con frenazo in extremis incluido…

Carretera Karnataka

El mismo autobús nos adelantó como cinco o seis veces siguiendo siempre el mismo guión: Arrimarse a escasos metros de nosotros, luces largas cegadoras, bocinazos ensordecedores, adelantamiento suicida y, cuando pensábamos que ya podíamos respirar tranquilos, sólo un poco más allá, el maldito bus paraba en la cuneta para recoger o dejar a algún pasajero… Lo adelantábamos y… vuelta a empezar. El placer de las carreteras indias…

El autobús suicida

“El diablo sobre ruedas”

Finalmente, llegamos a Kannur hartos de la carretera, el ruido, las bocinas, el gasoil, las curvas, los frenazos y demás… Sin tiempo ni energía para buscar alojamiento cerca de la playa, acabamos en el “Hotel Meridian”, cerca de la estación de tren.

Kannur

Aunque el nombre pudiera parecer prometedor, os aseguramos que nunca una vocal (Meridien/an) había supuesto tanta diferencia… Por decirlo rápido, el hotel estaba al límite de lo aceptable… Pero bueno, ¡Mira! ¡Al menos parece que tienen internet!:

– “Excuse me Sir, ¿tienen wifi?”
– ”Sí, claro.”
– ”Ah, muy bien, cuál es la contraseña?”
– ”…mmm… pues no lo sé. El chico que sabe la contraseña está hospitalizado y aquí no la tenemos.”
– “¡¡¡¿?!!!”

Vaca

No había duda: podíamos haber cambiado de estado, pero seguíamos en India.

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Reencuentro en Mysore

A primera hora de la tarde nos reencontrábamos con los primos lejanos. Acabábamos de llegar a Mysore, en el estado de Karnataka, al sur de la India. El equipo estaba formado por grandes viajeros: Martina y Sergio, a quienes conocimos en 2011 durante nuestra vuelta al mundo y los primos, que a estas alturas ya llevaban más de 11 meses de viaje y experiencias alrededor del mundo.

El selfie de rigor...

El selfie de rigor…

Mysore nos recibió ruidosa y ajetreada, como podíamos esperar de una ciudad india. Era nuestro primer contacto a pie de calle cuatro años después de nuestra última visita. Enseguida comprobamos que India no había perdido su capacidad de sorprendernos. Lo que sí era diferente era el tiempo, en junio era axfisiante pero ahora, a finales de diciembre, el clima del sur era una delicia; días soleados sin demasiado calor. Todo un lujo para los que llegábamos desde Barcelona y también para los primos, que venían del frío del desierto del Rajastán.

Mysore

Mysore Karnataka

Sin dejarnos llevar por el ‘jet lag’ nos pusimos enseguida en marcha. En los bajos de un hotel, cerca de la Torre del Reloj, había un restaurante muy concurrido sólo con gente local. Allí comimos, sobre una hoja de palmera o algo así y, por supuesto, con la mano (¡sólo la derecha!). La comida del sur de India es principalmente vegetariana aunque muy sabrosa y picante. Quizás, la diferencia más evidente con la del norte es que aquí el arroz hace las veces del pan que se sirve en el norte (chapati, naan, parota…)

Mysore

Justo después de comer visitamos el viejo mercado central. Entre sus estrechos pasillos nuestros sentidos, que llegaban anestesiados del ajetreo de las calles, se despertaban a los sonidos del mercado, los colores de sus flores y, sobre todo, a los olores.

Mysore market

Mysore es muy conocida por ser uno de los lugares originarios de la producción de incienso. Sus fragancias se hacen notar no sólo en los puestos donde se vende, sino también en muchos otros en los que los vendedores lo queman. El incienso es parte fundamental de la adoración de deidades hindúes aunque en India se usa en cualquier ocasión.

Mercado Mysore

Además, son muy populares los aceites aromáticos de sándalo, jazmín, loto, almizcle, jacaranda, rosa… Los vendedores te los arriman a la nariz mientras comentan que éste es la base del Chanel y el de más allá de Kenzo o Gucci…

Mysore mercado

Mercado Mysore

Las flores dan colorido y liberan su fragancia… Los vendedores se entretienen cosiendo miles de pétalos de jazmín, rosas y caléndulas formando larguísimas guirnaldas.

Mercado Mysore

Mercado Mysore

Mysore

El crisol de aromas se completa con las especias, el café y el té que se cultivan en los cercanos Ghats (montañas) del oeste de la región. Eso sí, al llegar a los pasillos de las verduras, algo menos exótico como el ajo o la cebolla anula por completo al resto de olores.

Mercado Mysore

Mercado Mysore

Algo se tira, pero todo se aprovecha…

En varios puestos vemos unas pequeñas montañas de tinte en polvo de diversos colores. Al parecer, con ese polvo se puede teñir ropa, pintar mezclándolo con agua y también usarlo para dibujar el típico ‘Tilaka’ o ‘Tikka’ hindú en la frente. El ‘Tilaka’ tiene una connotación religiosa aunque se puede llevar a diario, en cualquier ocasión… Tiene cientos de significados según formas y colores… Nosotros sólo sabemos que el rojo indica que la persona que lo lleva está casada. Originariamente ese polvo estaba hecho con ceniza de madera de sándalo. La verdad es que no tenemos muy claro si hoy se produce aún de esa manera tradicional.

Mercado Mysore

Mysore mercado

Ya había caído la tarde y de nuevo, cerca de la Torre del Reloj, encontramos una terraza en el tejado de un edificio donde sellar el reencuentro con unas ‘Kingfisher’, la cerveza local. Aúnque mermados por el ‘jet lag’, intentamos poner en común ideas de la ruta que podríamos seguir los días siguientes mientras los primos rememoraban algunas de sus desventuras por el mundo.

Mysore Karnataka

Mysore Karnataka

Mysore noche

Después de cenar, enfrentándonos a la segunda tanda de comida -ultra- picante, sacamos fuerzas para seguir recorriendo y acercarnos al Palacio del Maharajá, que es el principal reclamo turístico de Mysore. Paramos a los pies de un edificio medio en ruinas donde la gente se agolpaba para comprar comida en diversos puestos. Pese a que ya era tarde, estaba lleno de niños de varias escuelas que debían estar de excursión. Probamos en uno de los puestos una especie de “crepe” dulce que hizo las veces de postre.

Mysore Karnataka

Mysore

¡Al rico crepe callejero!

Fotográficamente podríamos decir que el paseo nocturno fue fructífero. En India uno sólo puede esperar lo inesperado, así que sólo se trata de anticiparse a la acción y tener la cámara a punto en todo momento. La teoría estaba clara. Ahora pasemos a la práctica: Me fijé en uno de los autobuses escolares donde uno de los niños estaba intentando abrir una ventana… “Ahí hay una foto”, pensé. Sin tiempo de poder llevarme la cámara al ojo, el niño sacó medio cuerpo y vomitó todo lo comido y por comer como si fuese un grifo abierto. Pablo, que venía a mi lado, me preguntó entre risas si lo había pillado… Fue demasiado rápido, al pobrecico le debió sentar mal el “crepe”… Tampoco hubiese sido una foto demasiado agradable, la verdad.

Mysore

¿Ha vomitado? Sí, sí… ;-)

Palacio de Mysore

Vimos el impresionante Palacio a lo lejos y acabamos en un pequeño templo cercano al hotel donde había una celebración. Tropecientas horas después de haber salido de Barcelona nuestro cuerpo caía rendido sobre la cama.

Mysore

A la mañana siguiente nos dirigimos al Palacio. Era inmenso y de un estilo difícil de definir. Pero no os preocupéis que para eso está wikipedia: Estilo indo-sarraceno con mezclas de arquitectura hindú, musulmana, rajput y gótica. Bien, está claro que no era fácil. Tal mejunge de estilos podría dar como resultado un edificio de lo más hortera… Pero no, no hubiesemos tenido problema en instalarnos por una temporada en su interior.

Mysore Palace

Este era el Palacio histórico de la dinastía Wodeyar, los Maharajás de Mysore, que gobernaron el estado homónimo desde 1.399 hasta 1.950. Aún así, el palacio que teníamos frente a nosotros se acabó de construir en 1.912 puesto que el anterior, que era de madera, se incendió en 1.897 en la boda de una de las princesas. Con la lección aprendida, en la reconstrucción se evitó en lo posible el uso de la madera por lo que la piedra y, sobre todo, el hierro forjado son los principales materiales. El interior es impresionante, en especial los salones de recepción, baile y reuniones así como una parte abierta, como una grada, que da al inmenso patio exterior. Aquí podéis ver algunas fotos.

Mysore Palace

Mysore

En el interior está prohibido hacer fotos. Aunque era domingo y había muchísima gente visitando el Palacio, los vigilantes estaban muy al quite con el tema… Carlos, que se las prometía muy felices con su Iphone, sacó alguna foto. Eso sí, el guardia que le vió se las sabía todas… Carlos quiso entretenerle enseñándole fotos de tal o cual carpeta pero el colega navegaba mejor por los menús del Iphone que los empleados de la tienda Apple.

Mysore

Mysore

Acabamos la visita en uno de los doce templos que rodean el Palacio, todos ellos en el interior del mismo recinto.

Templo Palacio de Mysore

Mysore Karnataka

Sin saber la desgraciada sorpresa que nos esperaba en el bus, a primera hora de la tarde, iniciábamos el camino hacia las montañas que nos separaban del Océano Índico, los “ghats”. Pero eso os lo explicaremos en el siguiente post. El viaje no había hecho más que empezar.

Mysore

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¡Cuba! (doce años después…)

El otro día, buceando en el archivo fotográfico en busca de alguna foto en blanco y negro, me topé con una de mi viejo amigo Borja haciendo una chilena en la playa de Varadero, Cuba. No pude resistirme a mirar el resto de fotos de aquel viaje en el que celebrábamos el fin de carrera. Encontré alguna cosa salvable entre los 3 carretes que debí tirar con la vieja Mamiya ZE-2 de mi padre, la cámara con la que empecé a hacer fotos.

Aquí las tenéis, doce años después:

Viva Cuba libre

La Havana, Cuba

Hasta la victoria siempre, Cuba

Los Taínos, hotel ambos mundos

La Habana Cuba

La Havana, peluquería

La bodeguita del medio, la Habana

Varadero, Cuba

La Habana y Varadero, Cuba, 2002

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