Los ghats del café

Sentados en la última fila de aquel autobús local todos los pasajeros nos miraban mientras el vendedor de billetes le gritaba al conductor que parase el bus. Cuando parecía que la discusión había llegado a su punto más álgido, algunos de los pasajeros intervinieron hablando en un idioma que no entendíamos. Daba igual, estaba claro que ya era todo el autobús contra nosotros seis: “¡Si no pagan que se bajen aquí mismo!” Con el aliento popular, nuestro desgraciado contrincante ganó aún más autoridad mientras continuaba gritándonos.

India

Pero sí habíamos pagado… La noche anterior reservamos los billetes desde la página web de la empresa de buses. ¡Pero el vendedor del bus no debía saber ni qué era internet! Daba igual que le enseñáramos la reserva de los billetes en la pantalla del portátil de Carlos o hasta el SMS de mi móvil, donde decía que habíamos pagado 702 rupias (unos 10 €) a la empresa KSRTC. También iba a dar igual enseñarle que el autobús llevaba escrito en el exterior la web donde habíamos comprado los billetes www.ksrtc.in. O pagábamos otra vez o nos bajábamos allí mismo, en mitad de la carretera. Por supuesto, no era una cuestión de dinero sino de algo mucho más importante: ¡era una cuestión de honor! Mmm… Ok… Sí, vale… Cuando ya vimos que el autobús iba a parar de verdad para dejarnos ahí tirados, tuvimos que tragarnos todo el orgullo y pagar de nuevo para regocijo de todo el pasaje y deleite del revisor, que se alzaba como -injusto- vencedor.

Coorg Madikeri

Una horita más tarde, paramos en un pueblo donde bajamos a estirar las piernas. Un chico que venía en el bus se me acercó y me preguntó por el altercado… Le expliqué la historia y me dijo que si el revisor no ve dinero, no te deja quedarte en el bus. El revisor no iba a entender que habíamos comprado un billete por internet. Charlamos un rato más, era un chaval muy agradable. Al final de la conversación, me pidió disculpas por lo sucedido y nos deseó que aquello no enturbiase nuestro viaje. La situación en el bus fue muy tensa y, aunque ahora me parezca una tontería, en aquel momento la conversación con ese chico fue como una redención, como si, de repente, hubiese hecho las paces con todo el autobús.

Camino Coorg

Al llegar a nuestro destino, intentamos recuperar el dinero en la pequeña oficina de venta de billetes de KSRTC. En cinco minutos, nos rodeaban una decena de trabajadores de la empresa, incluido el vendedor con el que habíamos tenido el altercado. Lo intentamos y, aunque en esta ocasión estuvimos más cerca de conseguirlo, de nuevo, sufrimos una ignominiosa derrota. Sólo nos quedaba llamar a un número de teléfono para reclamar… No quiero ni imaginarme cómo nos hubiera ido de haberlo intentado.

Carnicería India

Ahora nos tocaba encontrar alojamiento para la noche. Estábamos en la región de Coorg, en las montañas conocidas aquí como los ghats occidentales, famosas por sus plantaciones de café. Queríamos evitar quedarnos en Madikeri, la ciudad a la que habíamos llegado y que funciona como el “hub” de la región. En plena temporada alta, no nos resultó fácil conseguir hospedaje en las plantaciones cercanas. Finalmente, los chicos de una agencia encontraron un lugar para los seis en la casa de unos campesinos. Nada más salir de Madikeri, la carretera secundaria se adentró en una vegetación exuberante. El paraje donde estaba la casa era precioso y muy tranquilo.

Plantación café

Con muy buen criterio, Pablo compró unas cuantas cervezas y una botella de whisky en la ciudad mientras nosotros acordábamos los detalles del alojamiento. Bebiendo y charlando se nos hizo de noche. Sobre las nueve cenamos la comida casera que nos habían preparado nuestros anfitriones. Estaba tan buena como picante y, de nuevo, a falta de cubiertos, volvimos a comer con las manos…

Comida Karnataka

La cena… picanteee!!!

India

A primera hora de la mañana siguiente, dimos un paseo por la finca y los alrededores donde empezamos a ver las plantaciones de café. También vimos que cultivaban plátanos, pimienta, arroz y hasta alguna flor de pascua…

Campesinos

Café Karnataka

Café…

pimienta

… y pimienta

Volvimos a la casa para el desayuno, que fueron unas “dosas” (una especie de torta salada) acompañadas por una salsa picante de color claro que sabía y olía, básicamente, a ajo.

Coorg

Rickshaw

Bosque

Después del desayuno, uno de los chicos que nos consiguió el alojamiento la noche anterior nos pasó a recoger con un jeep para llevarnos a unas cascadas cercanas y, después, a lo alto de una montaña… Más que los lugares, lo mejor del día fue poder interactuar con la gente local y con los turistas indios.

Cascada

Jeep

Retrato

Creo que en todo el día no nos cruzamos con ningún turista extranjero. A la gente local le encanta que le fotografíen con lo que acabé el día con más fotos de gente que de los lugares en sí. Además de las fotos, todos nos preguntaban de dónde éramos y cómo nos llamábamos. Cuando nos cruzamos con algún grupo de niños, nos rodeaban y empezábamos a oír esas dos frases que nos acompañarían durante todo el viaje: “What is your country?” “What is your name?”

Montañas

Retrato Karnataka

Karnataka

A primera hora de la tarde, empezamos el camino hacia el suroeste que nos debía llevar a la costa norte de Kerala. No había fallo: de Madikeri salía un bus hacia Virajpet y, desde ese pueblo, saldría otro hasta Kannur, nuestro destino en la costa. Pero, ¡espera! que estamos en India… ¿Iba a ser realmente tan fácil?

Retrato

Virajpet

La respuesta era no. Una vez en Virajpet, el pueblo del supuesto trasbordo de bus, nos dijeron que no había bus a Kannur. Otra gente, en cambio, aseguraba que sí, que el bus pasaría a las cinco por aquel transitado cruce en el que nos encontrábamos. Mientras esperábamos, nos distrajimos tomando un chai (té) y charlando con la gente local.

Virajpet

Pico y pata

Pico y pata

Bien pasadas las cinco, los hechos confirmaron que por ahí no iba a pasar ningún bus hacia Kannur. En una hora anochecería y estábamos a unos 80 kms. de nuestro destino; en tiempo indio, unas dos horas de camino.

Virajpet

Debíamos hacer algo, así que, mientras el grupo hacía guardia a pie de carretera, me fui a averiguar si alguien nos podría llevar a los seis a Kannur con una camioneta o similar. Asalté a todo aquel que llevase un vehículo en el cupiésemos todos. Al tercer o cuarto intento conseguí que llamaran a un tipo que apareció en cinco minutos con un jeep. Cerramos el trato y nos apretujamos todos en el coche camino a Kannur. Viajar por India sin planear nada puede ser desesperante, sobre todo si no se tiene mucho tiempo. Al menos, echándole morro y con algo de dinero siempre se encuentra una solución.

retrato india

Nos ubicamos en el vehículo con todas las mochilas como buenamente pudimos e iniciamos el camino que nos llevaría a la costa cambiando de estado, de Karnataka a Kerala.

Camino a Kannur

A la incomodidad del vehículo se unió la carretera de curvas, los adelantamientos suicidas, y el humo de los vetustos camiones cuya carga triplicaba en tamaño y peso al camión en sí… Sentados en la parte de atrás del jeep, nos protegíamos del polvo y el olor a gasoil con algún pañuelo mientras veíamos acercarse a toda velocidad a los autobuses suicidas que se arrimaban a nosotros más que José Tomás a un toro… Digamos que hubo un par de momentos de tensión con frenazo in extremis incluido…

Carretera Karnataka

El mismo autobús nos adelantó como cinco o seis veces siguiendo siempre el mismo guión: Arrimarse a escasos metros de nosotros, luces largas cegadoras, bocinazos ensordecedores, adelantamiento suicida y, cuando pensábamos que ya podíamos respirar tranquilos, sólo un poco más allá, el maldito bus paraba en la cuneta para recoger o dejar a algún pasajero… Lo adelantábamos y… vuelta a empezar. El placer de las carreteras indias…

El autobús suicida

“El diablo sobre ruedas”

Finalmente, llegamos a Kannur hartos de la carretera, el ruido, las bocinas, el gasoil, las curvas, los frenazos y demás… Sin tiempo ni energía para buscar alojamiento cerca de la playa, acabamos en el “Hotel Meridian”, cerca de la estación de tren.

Kannur

Aunque el nombre pudiera parecer prometedor, os aseguramos que nunca una vocal (Meridien/an) había supuesto tanta diferencia… Por decirlo rápido, el hotel estaba al límite de lo aceptable… Pero bueno, ¡Mira! ¡Al menos parece que tienen internet!:

– “Excuse me Sir, ¿tienen wifi?”
– ”Sí, claro.”
– ”Ah, muy bien, cuál es la contraseña?”
– ”…mmm… pues no lo sé. El chico que sabe la contraseña está hospitalizado y aquí no la tenemos.”
– “¡¡¡¿?!!!”

Vaca

No había duda: podíamos haber cambiado de estado, pero seguíamos en India.

9 Respuestas a “Los ghats del café

  1. Pingback: Una Nochevieja en la playa | Siempre hacia el oeste·

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