Día 142 – El azul de los glaciares

Miles de diferentes tonos azules se presentaban ante nuestros ojos dispuestos en gigantescas paredes de hielo. Tantos azules que era imposible darles nombre; algunos turquesa, otros casi eléctricos, como luces de neón. Pero todos ellos intensos.

Encima de esas paredes se extendía una masa de hielo de las más extrañas formas que se perdía tras unos lejanos cerros, con grietas por las que se va colando el agua de la superficie, como si fuese un mar embravecido que en un segundo hubiese quedado congelado.

Las altísimas paredes del glaciar retronaban al quebrarse el hielo en su interior cada ciertos minutos ante la estupefacción de los presentes. Alguno de esos truenos era el preludio de algún desplome de gigantescos bloques de hielo que se desprendían del glaciar para impactar en las aguas del Canal de los Témpanos creando un estruendo que daba muestras de la magnitud de lo que se tenía delante. Tras el impacto con el agua, una gran ola concéntrica removía las aguas del canal haciendo bailar al resto de témpanos mientras el recién desprendido desaparecía en la profundidad del canal para emerger de nuevo segundos después.

El P.N. de los Glaciares alberga el tercer campo de hielo más grande del planeta tras el de la Antártida y el de Groenlandia. El perito Moreno es su glaciar más conocido entre los más de cincuenta que se encuentran en esta zona, pero ni siquiera es el más grande aunque, a diferencia de muchos otros este no retrocede, sino que avanza año a año.

El famoso glaciar tiene una superficie muy parecida a la de la Ciudad de Buenos Aires y las paredes más altas que se asoman al Canal de los Témpanos alcanzan alturas entre 60 y 70 metros, lo que vendría a ser un edificio de unos 20 pisos.

El barco repleto de turistas a la izquierda da idea de las proporciones del glaciar

El color azul omnipresente en el glaciar y sus témpanos se debe a que el hielo absorbe seis de los colores del espectro solar pero refleja uno, que como ya imaginarán es el azul.

El nombre del glaciar es el de un perito, de nombre Francisco Pascasio Moreno. El perito fue el primer argentino en llegar al lago Nahuel Huapi en 1.875. A finales de ese mismo siglo fue nombrado perito argentino en el conflicto de límites suscitado con Chile, debido a su profundo conocimiento de la región. Según dicen, hizo ganar a Argentina en esa disputa muchos territorios que hoy se consideran únicos, como bien podría ser el glaciar que lleva su nombre. En 1.903 entregó a la nación tres leguas aledañas al lago Nahuel Huapi que el gobierno le había entregado en reconocimiento a sus trabajos, para que se destinaran a la creación del primer parque nacional argentino, el P.N. Nahuel Huapi.

Mucho le deberán los argentinos al perito si cada ciudad del país tiene una calle, plaza, monumento o las tres cosas con su nombre. Perito Moreno además del glaciar es también una ciudad y un Parque Nacional y cada uno en una región distinta. Un lío, vamos.

El glaciar es un lugar de visita obligada para todo aquel que recorra la Patagonia… y así lo hace la mayoría llegando a El Calafate, un pueblo que, como no, ha sabido adaptarse a las mil maravillas a los cientos de miles de turistas que visitan cada año el glaciar, sobre todo, después de la construcción del aeropuerto.

Pero, a pesar de lo que haga la mayoría, el P.N. de los Glaciares ni empieza en El Calafate ni acaba en el Glaciar Perito Moreno. Al norte del parque está la que se conoce como capital argentina del trekking, El Chaltén, un pequeño pueblo rodeado por ríos en un amplio valle protegido, por uno de sus lados, por escarpadas moles graníticas. Entre ellas destacan el Cerro Torre de 3.133m. y el Fitz Roy (o Chaltén, en tehuelche: cerro que humea) de 3.405m.

El día de nuestra llegada, ya desde la entrada del pueblo podían observarse todos los picos en un día muy claro. En el centro de visitantes nos advirtieron que es difícil ver los picos tan bien como se veían aquél día. Pero, bueno, teniendo en cuenta que la mayoría de compañeros de viaje se quedaban en El Chaltén sólo un par de días y nosotros nos quedábamos cinco pensamos que sí, que hacía un muy buen día, pero que volveríamos a ver los picos más veces durante nuestra estancia allí. Tan confiados estábamos que ni les sacamos una foto.

Y es que si un Tehuelche le puso a la montaña ‘cerro que humea’ por algo sería… ¡y qué razón tenía! Al día siguiente la montaña que humea hacía digno honor a su nombre, su pico estuvo continuamente tapado por una nube que no le abandonó en todo el día, por mucho que soplara el viento o que corrieran el resto de nubes, por muy azul que luciese el resto del cielo… Ni modo. Fitz Roy se despertó con el sombrero puesto y así se fue a dormir.

Esta es la mejor foto que pudimos conseguir del Fitz Roy (o Chaltén)

Más de lo mismo con el Cerro Torre que, durante todo el día tan sólo se dignó a mostrar, celoso, su pico sobre tupidas nubes apenas durante unos minutos dándonos muestras, eso sí, de su grandeza.

Y esta la mejor del Cerro Torre…

Y mientras los picos se ocultaban tras las nubes nosotros a lo nuestro, recorriendo fantásticos caminos que conducían a nuevos valles, cascadas, glaciares, lagunas… Un lugar de lo más recomendable para quien le guste caminar con senderos para todos los niveles. Los principales caminos acaban a los pies del Cerro Torre y del Fitz Roy con unas vistas de esas que quitan el hipo. Además, en El Chaltén no se paga nada por ingresar al Parque (raro, raro, raro, cuando es el mismo Parque Nacional que el Perito Moreno y allí se pagan 75 pesos por entrar), los caminos están muy bien marcados, el Centro de Visitantes es interesante y acogedor, la información que se recibe muy completa. Deberían tomar nota en muchos lugares, la verdad.

Pero esta vez la fortuna no estuvo de nuestro lado y si las montañas se taparon el segundo día, a partir de ahí sólo hubo más nubes, lluvia, nieve y viento, mucho (mucho) viento. Podíamos combatir la lluvia, el frío y la nieve, pero el fortísimo viento impedía caminar con la cabeza alzada y, en ocasiones, amenazaba directamente con tirarte al suelo de un latigazo… Llevando mochila ya le ha pasado a más de uno.

Las nubes bajas inundaron el cielo los últimos tres días impidiéndonos ver nada que estuviese unos 300 metros por encima del pueblo. Vimos esas increíbles montañas a lo lejos en un fantástico primer día pero nos quedamos sin esos paisajes que quitan el hipo al pie de los picos y que sólo hemos podido ver en fotos. No podíamos esperar más días a que el tiempo mejorara así que, bueno, suponemos que hay que saber perder. ¡No nos iba a salir todo perfecto!

P.S.: En este post del blog de Mark podéis ver algunas fotos de estas montañas, él tuvo mejor suerte que nosotros con el tiempo.

10 Respuestas a “Día 142 – El azul de los glaciares

  1. Mú bonico estos glaciares, pero…ninguna referencia al 5-0?!
    Pero si hasta los osos polares debieron celebrarlo!!!

    Besos y abrazos desde la ciudad con el mejor equipo del mundo XD

  2. Estoy tan emocionada de ver estas fotos tan bonitas, tan reales, rememoro mis momentos delante del glaciar, tan impactantes, con esas gamas de azules turquesas, que toda inspiración es poca, para poder describirlo.

    Sólo agradecer que compartan, a través del blog y animar a todo el que lo vea que vaya a contemplarlo y a disfrutarlo.

    Se adentran al día sin vida, ya les contaré como ha sido el 2 de diciembre de 2010.

    Muchos besos

    MM

  3. hola sobrinos,hoy a lo mejor ya no estan en el continente,muy bellas tus narraciones,como paso gaby su cumple,estaban en el chalten .bueno un beso de cris y mio y al mal tiempo buena cara.

  4. Carlos, el partido como una ópera, sentado en la cama del hostel disfrutando de una interpretación perfecta. ¡Qué grande!

    MM, ¿qué hiciste el 2 de diciembre? Nos alegra saber las emociones que despierta nuestro blog! Un beso

    Marta, Elisa, gracias por los comentarios y por seguirnos! Un abrazo

    Tio Carlos, incondicional como siempre. El cumpleaños en muy buena compañía, en Santiago con unos nuevos amigos! Un abrazo

    Jorge, gracias por el cumplido!

    Carol, efectivamente, el blog va siempre con un poco de retraso.

    María José, ya en varias ocasiones hemos tenido días en que vivíamos las 4 estaciones del año en cuestión de minutos. Es parte del encanto de la Patagonia. Gracias por seguirnos. Un abrazo

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