Día 135 – Postales desde el fin del mundo

Ushuaia, la ciudad más austral del planeta recibe a sus visitantes con un ‘Bienvenidos al fin del mundo’. Sin dejar de ser cierto -aún con algún que otro matiz que más adelante explicaremos- la oficina de turismo de la ciudad ha sabido vender esa marca a las mil maravillas. En esa misma oficina los turistas se agolpan para conseguir un sello en su pasaporte que acredite que estuvieron allí o un certificado de que visitaron el fin del mundo (nosotros sólo caímos en la tentación del sello). Eso es gratis pero, para todo lo demás, Mastercard. O Visa o efectivo, pesos, dólares o euros. Es lo que tiene ser propietario de una marca única y exclusiva, puedes explotarla sin necesidad de justificar el coste de lo que ofreces.

¿Un paseo por el Canal Beagle?, no hay problema, pase por ahí, por favor “clink, clink”… ¿El Parque Nacional?, sí, claro, pase por caja “clink, clink”, pero si sólo voy a caminar, sí, sí, ya, ya… ah! y no olvide retirar su billete de autobús “clink, clink”… ¿la vieja prisión? “clink, clink”… ¿el faro del fin del mundo? No se lo puede perder “clink clink”… seguro que luego le apetece una merluza negra o un cordero patagónico…

Al margen de ese negocio que tan bien han sabido explotar, no deja de ser cierto que viajar a Ushuaia, ‘al fin del mundo’, tiene un atractivo casi místico por la historia que rodea estas indómitas tierras. Más allá de esa ciudad se extiende la que por muchos siglos fue la tierra incógnita, la tierra inconstante, la res nullius (tierra de nadie). Un lugar donde el mar y la tierra se reparten el territorio por igual, donde miles de islas imposibles de cartografiar con precisión dejaban a los navegantes únicamente con el norte como referencia para regresar a la civilización.

Uno de los primeros navegantes que se adentró por esos mares y cientos de canales fue el capitán Robert Fitz Roy, cartógrafo y meteorólogo. En 1.829 arribó por primera vez al canal que más tarde llevaría el nombre de su bergantín: ‘Beagle’. En esa primera visita, el capitán Fitz Roy había encontrado un nuevo paso entre el Atlántico y el Pacífico más al sur del estrecho que Magallanes cruzó en 1.520 dándole su propio nombre y más al norte del paso más austral, el Cabo de Hornos, allá donde las aguas de los dos océanos se encuentran creando corrientes y oleajes temidos durante siglos por los navegantes.

Además, como el viaje era largo, el capitán aprovechó para llevarse en el Beagle a tres aborígenes Yámanas que vivían en una isla del canal para poner en práctica una experiencia civilizadora. No sabemos cuán violenta debió ser la conversación de Fitz Roy con los indígenas (si es que la hubo) ‘No, miren, nos vamos a llevar a estos señores en eso que flota y que llamamos barco por un tiempecito, les daremos cultura y una cosa que se llama evangelio, ah! y comida, pero se los devolveremos, ¿eh? De verdad de la buena’… Fuese como fuera, lo cierto es que una vez en Inglaterra, los indios fueron educados, convertidos en cristianos y vestidos como europeos. Y como buenos cristianos que debían ser, fueron bautizados con los divertidos nombres de Jemmy Button, Fueguia Basket y York Minster (pobre el tal Fueguia).

Cinco años después de aquella primera aventura, Fitz Roy emprendió un nuevo viaje científico con el Beagle que, en esa ocasión, debía llevarle alrededor del globo. Contaba entre su tripulación con un jovencísimo científico naturalista, un tal Charles Darwin, que rodeó con él el mundo en ese barco durante casi cinco años escribiendo un diario del que luego resultaría el libro ‘Viaje de un naturalista alrededor del mundo’. Más adelante, ese mismo científico escribiría la teoría que revolucionó las ciencias naturales, la evolución de las especies.

La nueva visita del Beagle a Tierra del Fuego cumplía con el objetivo de devolver a sus tierras a Jemmy Button y Fueguia Basket (el pobre York Minster falleció en Inglaterra). Fitz Roy y Darwin, esperaban que, cuando se reencontraran con sus congéneres, Fueguia y Jemmy “civilizarían” al resto de Yámanas. Tras dejarlos en su poblado, digamos que lo europeo no triunfó demasiado por esas tierras y, a los pocos días, Fueguia y Jemmy se habían desecho de sus estúpidas ropas europeas y de sus extraños nombres; volvían a pescar con arpón y a hablar en su idioma nativo. A la vista del éxito de su experiencia civilizadora suponemos que Robert y Charles cambiaron Yámanas por gaseosa para sus experimentos que, además de mucho más barato, es menos arriesgado y no se nota que no tienes ni idea de antropología.

Algo de resquemor le debió quedar a Darwin cuando escribió que los Yámanas eran brutos e incivilizados, que no existían seres humanos inferiores a estos en ningún lugar del mundo y que su lenguaje era casi inarticulado. Hoy, los antropólogos consideran a los Yámanas y a otras culturas fueguinas ya desaparecidas como pueblos relativamente avanzados, duros y capaces de haberse adaptado a uno de los climas y territorios más duros del planeta.

Unos cuantos años después de las aventuras del Beagle, otros barcos británicos seguían recorriendo esas mismas costas, fiordos y canales en viajes con objetivos, en principio, únicamente cartográficos. Argentina, después de ver como en sus cercanas Islas Malvinas ya habían cambiado el mate argentino por el té británico, no podía permitir perder más territorios en el sur. Y menos cuando sentía también la presión de su vecina Chile, que reclamaba su parte de territorio en un conflicto limítrofe que se extiende hasta nuestros días.

Los argentinos se hicieron entonces una pregunta (Peláez, al pizarrín) ¿cuál es la fórmula para mantener la soberanía sobre un territorio aislado e inhóspito sin tener que desplazar a una gran parte del ejército? Peláez no tenía ni idea, pero la respuesta correcta era establecer una población estable.

Pero lo más difícil no era responder correctamente a esa pregunta, sino lograr poblar una región aislada, inhóspita, pobre y con un clima insoportable. Con los Yámanas prácticamente desaparecidos, Tierra del Fuego era un territorio abandonado a la salvaje mano de una cruel naturaleza, sin infraestructuras, sin desarrollo. En esas condiciones, ¿a qué loco iban a convencer para ir a poblar esa región? A ninguno. La solución apareció en 1.896 al ordenarse la construcción del Presidio de Reincidentes en Ushuaia donde, con el tiempo, iban a ser enviados algunos de los criminales más peligrosos del país.

En el año 1.896 se envía la primera colonia penal formada por 14 hombres y 9 mujeres, todos ellos convictos con la idea de que, a la larga, crearan allí una población estable. Sin embargo, este experimento duró solo seis años ya que en ese momento eran pocas las mujeres presas que gozaban de buena salud para aguantar las duras condiciones de la región. Así pues, pasó a enviarse, únicamente, presos masculinos al territorio, siendo una de las obligaciones realizar trabajos de construcción de calles, canalizaciones, vías de tren, etc.

Los presos eran seleccionados en función de la gravedad del delito, las visitas que recibían por parte de la familia y la conmoción social que había creado el hecho delictivo cometido. Así, algunos de los presos más famosos que fueron a parar a Ushuaia fueron el Petiso Orejudo, uno de los primeros asesinos en serie de Argentina, o Radovinsky, un joven anarquista que mató en un atentado a Lorenzo Falcón. También se cree que Carlos Gardel formó parte del elenco de presos de Ushuaia, aunque no se sabe bien por qué motivo. Así mismo, varios intelectuales contrarios al régimen del Presidente Uriburu fueron obligados a trasladarse a Ushuaia en calidad de confinados políticos.

La prisión trajo nuevos empleos a Ushuaia y cierto desarrollo, poco a poco, la región fue poblándose gracias también al asentamiento de diversas compañías y el desarrollo de la pesca, asegurando así, lentamente, la soberanía argentina sobre esas tierras.

Otro de los iconos típicos de Ushuaia es el faro ‘Les Eclaireurs’ (los iluminadores) construido en 1.920 y más que bien explotado durante los últimos años tras haberle dado el título de ‘faro del fin del mundo’ (sí, “clink, clink”). Título, por otro lado, no del todo cierto ya que hay un faro más austral que éste: el faro de San Juan de Salvamento (1.884) en la Isla de los Estados y fue éste el que inspiró la novela de Jules Verne ‘El faro del fin del mundo’.

Como este último no está actualmente en funcionamiento, sí podría decirse que ‘Les Eclaireurs’ es el faro en funcionamiento más austral del continente pero no vendería tanto como el título de Verne ¿verdad?

Réplica del Faro de San Juan de Salvamento a escala real. Este faro, en la Isla de los Estados, es en el que J. Verne se inspiró para escribir su novela ‘El faro del fin del mundo’

Al oeste de Ushuaia, cerca de la frontera con Chile, se halla el Parque Nacional Tierra del Fuego, un increíble pedazo de tierra bañado por las saladas aguas del Canal Beagle y salpicado por decenas de preciosos lagos de aguas dulces. Lamentablemente, el Parque es uno de los reclamos turísticos principales de Ushuaia; la entrada para no nacionales es excesivamente cara y el monopolio del transporte al parque ha hecho que se pague un precio irreal comparado con cualquier otro transporte en todo el país “clink, clink”. Pero, ya saben, esto es ‘el fin del mundo’.

Conocimos a gente que no visitó el parque al no estar dispuestos a pasar por el aro de pagar una cantidad muy por encima de la justificable. Y hablamos de aficionados al trekking, amantes de la naturaleza, gente respetuosa y educada. Es un poco triste que haya gente que decida no ir a un parque natural por el precio (y no porque no pueda pagarlo). Nosotros pasamos por el aro “clink, clink” y, aunque de verdad es caro (sobre todo el transporte) la visita es más que recomendable. El Parque cuenta con una caminata imperdible a orillas del Canal de Beagle, picos nevados, arroyos, lagunas y castoreras y, como no, también con un tiempo que puede cambiar en segundos. Podría incluso decirse que pueden vivirse las cuatro estaciones en un solo día. En nuestro caso tuvimos en un día sol, viento, lluvia, granizo y nieve. ¿Quién da más?

Todo el paisaje está repleto de bosques de lengas y cohiues en el que se alternan por igual vida y muerte: inmensos árboles muertos, caídos, intentaban cortar el paso de los caminos mientras otros árboles centenarios plagados de líquenes parecían aguantar estoicamente el gélido viento que azota esas costas. El propio Charles Darwin, se refería a estos bosques en su libro ‘Viaje de un naturalista alrededor del mundo’ de 1.832:

Avanzo lentamente durante una hora siguiendo las orillas rugosas y desgarradas del torrente pero la grandeza y la belleza del espectáculo compensan bien pronto todas las fatigas. La sombría profundidad del barranco concuerda bien con las pruebas de violencia que se ven por todas partes. A cada lado se divisan masas irregulares de peñascos y árboles desarraigados; otros árboles, erguidos aún, están podridos hasta el corazón y a punto de caer. Esta confusa masa de árboles en buen estado y de árboles muertos me recuerda a las selvas tropicales, y sin embargo hay una profunda diferencia: en estas tristes soledades que visito actualmente, la muerte, en vez de la vida, parece reinar como soberana.

Y así es. Si en un solo día primaveral pudimos ver cambios tan radicales de tiempo y sufrir el ímpetu del viento y la intensidad del frío de aquella manera, es fácil entender porque hay esa cantidad de árboles muertos imaginando como debe ser un día cualquiera de invierno, con temperaturas muy por debajo de cero y pocas horas al día de sol –o mejor– de luz.

En el fin del mundo acababan muchas aventuras y empezaban otras. Encontramos a gente que había cruzado el continente y terminaba allí su viaje. Mark, por ejemplo, tenía una moto con matrícula de Perú aparcada en el jardín del hostel. La había comprado en Lima y con ella había conducido hasta Ushuaia con su tienda de campaña a cuestas, cruzando por varios países con una moto de sólo 150 c.c. La verdad, una buena idea para futuros viajes pero mejor con algo un poco más potente. Podéis ver las aventuras de Mark aquí. Ah! la moto está en venta aunque imaginamos que a todos les quedará un poco lejos.

Mark Blackburn junto a su moto en Ushuaia; en realidad, el penúltimo paso de su viaje

Otros viajes no acababan en Ushuaia, más al sur del fin del mundo resulta que hay otro continente: la Antártida. Desde Ushuaia se puede viajar allí aunque en este caso el “clink, clink”  deberíamos escribirlo en mayúsculas, los precios parten de los 3.000 Euros en camarotes compartidos por un viaje de 10 noches.

No lo descartamos pero, tranquilos, tendrá que ser en otro viaje.

11 Respuestas a “Día 135 – Postales desde el fin del mundo

  1. Sin palabras… qué bueno ir conociendo más aventureros con otras rutas que se cruzan con la de ustedes no? Me encantó la foto de la Remington (“noisless”…), jajajaja! Una tierna la Remington! Y las dos últimas, por su puesto, que a veces, si ustedes no salen en las fotos, cuesta creer que sea real lo que están haciendo! Besos y sigan avanzando!

  2. ¡¡Qué bonito y emocionante¡¡ Ayer recibí la postal y me encantó, me trajo tantos recuerdos y vivencias tan intensas. Yo también estuve en ese faro del fin del mundo. Y soy de los viajeros que van solos y con mi tendencia al drama, pensé al pasar “Sola en el fin del mundo”.

    Y la atmósfera de Usuhaía es especial, misteriosa y te puede atrapar.

    Quiero adjuntar una foto en la que se constata mi paso por allí, pero todavía no la encontré.

    Besos desde el primer mundo

    MM Rosa

  3. FELICIDADES GABI! Mi breve comentario en el post está dedicado a pensar mucho en tí, y desearte lo mejor del que seguro que será un cumpleaños INOLVIDABLE.
    Os quiero mucho BESITOS!!!!!!!! Cuidaros y mucho amor!!!!!!

  4. ¡¡Guau!! Ya tenemos un post que se sitúa en la pole position de todo el blog. ¡Qué gozada! Uno de mis destinos soñados.
    Un abrazo,
    j.

    P.S: Totalmente de acuerdo con Vicky: a ver si aumenta el número de fotos ‘con personitas’.

  5. Mi comentario también dedicado a la cumpleañera. Ya sabes que ayer estuve conectada en Skype todo el día para encontrarte, pero parece que estábais por ahí de celebración. Espero que hayas pasado un gran día, seguro que muy especial por todas las circunstancias que os rodean. Muchos besos desde la helada Madrid. Carol

  6. Muy buenos días (GMT)!

    Con un día de retraso -o dos para vosotros-: FELIZ CUMPLEAÑOS GABI!

    Espero que pasaras un gran día y que tengas/tengáis un mejor año. Que continúe vuestra aventura y que podamos seguir compartiéndolo con vosotros!

    Mil besos!
    Laura

  7. 3.000 euros dar el saltito a la Antártida?? En estos casos, ser cetáceo tiene sus ventajas… O Pingüino como Haurie!

    Chicos, se os ve genial, a seguir disfrutando!
    Besos,
    Sara.

  8. Vicky, Ushuaia es un buen lugar que inicia y acaba viajes. A ver qué nos cuentan de la Antártida.

    Rosa, Marcial SR, nos alegra saber que nuestro post ha hecho que reviváis vuestros viajes. Un abrazo.

    Vero, gracias por tu felicitación y tus pensamientos desde el otro lado del océano. Un beso

    Jorge, no dejes de ir, a nosotros nos encantó. En las próximas entrega trataremos de ser más protagonistas.

    Carol, gracias por las felicitaciones! Pasamos un día muy divertido en compañía de nuevos amigos. Un beso

    Laura, gracias por seguirnos y por acordarte. Un abrazo

    Sara, desde luego a los pingüinos les sale mejor de precio, ya no quedaban billetes de polizón para nosotros, jijiji. Besos

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