La arena del Namib

Windhoek – Sesriem – Sossusvlei. 3 días, 500 kms.

150 litros de diesel, 50 de agua, comida, GPS y un teléfono satelital. Teníamos todo lo necesario para empezar a levantar polvo en las carreteras de gravilla que separaban Windhoek, la capital de Namibia, de Sesriem, la puerta de entrada al desierto del Namib.

Camino al desierto, Namibia

Avanzamos por un paisaje siempre seco, polvoriento y mucho más variado de lo que hubiésemos imaginado. Un desierto no es sólo arena y dunas.

Avestruces

De camino y al llegar a Sesriem encontramos los primeros animales salvajes y empezamos a familiariazarnos con ellos y sus nombres: órice o ‘gemsbok’, gacela saltarina o ‘springbok’ (a quien nosotros llamaremos ‘gacela’ a secas porque lo de saltarina no nos acaba de convencer…)

Orice, Namibia

Un Órice de El Cabo

Carretera Namib

Despedimos nuestro primer día en las puertas de Namib con un atardecer espectacular y una noche con una luna casi llena que le restaba protagonismo a las estrellas pero que, a cambio, iluminaba todo el paisaje.

Sunset namibia

Fotografía nocturna

De madrugada, helados, nos levantamos y vemos el amanecer frente a nuestro campamento. Un grupo de gacelas nos acompañan y una bruma baja empieza a extenderse por la llanura.

Amanecer

El Desierto del Namib ocupa gran parte del oeste de Namibia. Se le considera el desierto más antiguo del planeta y el que tiene las dunas más altas del mundo.

Bruma matinal

Elim Dune no era ni mucho menos la más alta pero costaba llegar hasta su cima. La bruma se había disipado y el sol empezaba a ganar altura. Los pies se hundían con facilidad en la una arena roja finísima, que nos acompañaría en nuestros bolsillos, zapatos y cámaras durante muchos días.

Elim Dune

Elim Dune

Elim Dune

Hallamos la sombra en el interior del Cañón de Sesriem donde aún quedaba un charco con agua en su zona más baja. En verano, la época de lluvias, el Sesriem crece y recorre un camino bien marcado al fondo del cañón que, ahora, en pleno invierno, es un pedregal seco.

Sesriem Canyon

Sesriem cañón

A mediodía la carretera parece inundarse frente a nosotros. El reflejo que generan el calor y el sol se extiende por toda la planicie que se adentra hasta Sossuvlei con el permiso de las dunas del Namib .

Carretera Namib

Cuando la llanura se topa con las dunas, la carretera se convierte en un correcalles de rodaduras de coche en una arena fina. 50 kms. más hacia el oeste, las dunas se enfrentan a las olas del Atlántico sur.

Arena del Namib, Namibia

“No conduzcas por carreteras sin número. Si encuentras arena utiliza el 4×4 y sigue las rodaduras de los otros coches. No uses nunca la superreductora”. Surita nos lo había dejado claro al alquilarnos el coche tan sólo dos días antes pero allí estábamos nosotros: en una carretera sin número, hundidos en la arena del desierto hasta media rueda. Marcha atrás, en segunda, girando el volante, 2×4, 4×4… Ni modo. ‘¡Cómo huele! ¡estamos quemando el embrague! A ver…¿dónde estaba la pala? bufff…’ En fin…

Duna Namib

Por fortuna, cuando ya nos veíamos llamando a Surita con el teléfono vía satélite para confesar nuestros pecados, aparecieron dos coches con grupos de turistas que iban con conductor y guía local. Con ellos empezamos a darle… Adelante, atrás, empuja que te empuja. Finalmente, conseguimos sacar el coche para el deleite de los turistas que nos grababan con sus cámaras. Nos enorgullece pensar que en algún lugar de Alemania alguien estará agradeciendo nuestro numerito de humor mientras se tiene que tragar el interminable vídeo de las vacaciones del vecino. Sí, de nada.

Arena del Namib, Namibia

Las dunas son altas…

Después del pago de una propina negociada al alza por el guía del grupo, el conductor nos convenció para que, en lugar de redimirnos, siguiéramos pecando: “No tienes ni idea de conducir en arena así que pon la superreductora y todo el rato en segunda”. (Sí, también hirió un poco mi orgullo de conductor de primera).

Camara desierto

Vanos inventos para intentar proteger la cámara de la arena

A pesar de que la tarde avanzaba y aquel grupo parecía el último que regresaba de las dunas, en lugar de darnos la vuelta, decidimos intentar llegar a Sossusvlei. Así que superreductora y segunda a tope! Surita, perdónanos.

No sin cierta tensión lo logramos. Nos adentramos a pie en el Deadvlei, un circo blanco entre dunas rojas salpicado por árboles secos.

Deadvlei

Deadvlei

¿Cuándo debió haber agua aquí? ¿Cuánto tiempo llevarán esos árboles en pie? No teníamos ni idea.

Deadvlei

Deadvlei

Caminamos sobre aquella especie de salar de piedra blanca, cuarteada y quebradiza. Definitivamente estábamos en otro planeta, un mundo fantástico y desolador.

Deadvlei

La luna apareció sobre las dunas, devolviéndonos al planeta tierra y a la realidad de que, en breve, el sol se pondría y no estaba permitido conducir de noche. Ya habíamos pecado bastante, así que regresamos al coche rodeando una duna inmensa.

Deadvlei

Sossusvlei

El rodeo nos llevó por paisajes que no están marcados en el mapa o la guía pero que nos deslumbraron por igual. La luz casi horizontal del atardecer revelaba la auténtica esencia de Sossusvlei.

Sossusvlei

Deshicimos el camino por la carretera de arena sin parar. La idea de pasar la noche allí con el coche hundido no era el mejor plan.

Sossusvlei

De nuevo, la luna iluminaba todo el paisaje nocturno. De madrugada la luna se puso y, antes de amanecer, pudimos ver por primera vez el cielo del desierto sin luz, en su máximo esplendor.

Noche desierto del Namib

Con luna…

Fotografía nocturna Namib

Sin luna…

Antes de que saliera el sol, estábamos a los pies de la Duna 45 (llamada así porque está a 45 kms de Sesriem). Nuestro objetivo -y el del resto de gente que había logrado una plaza para dormir dentro del Parque- era subir a lo alto de la duna para ver desde allí el amanecer. Ya debe estar científicamente probado que subir una duna de 170 metros es el mejor ejercicio para darte cuenta en 30 segundos de la mala forma física que tienes… Cuesta avanzar pero una vez arriba las vistas te recompensan el esfuerzo con creces.

Amanecer Duna 45 Namibia

El amanecer nos sorprende enfundados en toda la ropa de abrigo que llevábamos. El viento viene frío y despeina la cresta de la duna levantando la fina arena roja.

Globos Amanecer Duna 45 Namibia

Los primeros rayos del sol iluminan, a nuestra derecha, la cumbre de las dunas que nos rodean (muchas de ellas aún más altas que la 45). Al poco, la luz alcanza nuestra posición y empieza a calentarnos. Tan sólo unos minutos más tarde, a nuestra izquierda, los rayos ya alcanzan toda la llanura de Sesriem.

Amanecer Duna 45 Namibia

Sesriem Duna 45

Cuando el día acababa de llegar a sus dunas, nosotros nos despedíamos del desierto. Debíamos seguir nuestro camino, ahora hacia el norte.

Órice en el desierto del Namib

No nos íbamos a olvidar del Namib pero, por si acaso, parte de él se venía con nosotros. En cualquier resquicio de nuestro cuerpo, ropa, cámaras y por todo el coche nos iba acompañar por semanas la arena del Namib.

Arena del Namib

Arena del Namib

¡Hasta pronto!

15 Respuestas a “La arena del Namib

  1. Magnífica experiencia y magníficas imágenes. Supongo que tenéis un buen puñado de recuerdos imborrables!

    Me ha encantado imaginarme aquello gracias a vuestras palabras y vuestras fotos.

    Saludos!

    Jota.

  2. Qué noches y qué amaneceres!!! Y quin patiment al volant, no? Me he agobiado y todo ;) Hubo momentos de tensión?
    Las fotos de las dunas, espectaculares.

    Esperamos leer el siguiente post, post-desierto!

    Besos,
    C.

    • Jejeje! no te estreses… hubo un poco de tensión aunque al poco aparecieron los otros coches. Al sacar el coche de la arena pensamos en dar media vuelta pero… al final acertamos siguiendo hasta el final. Sino regresar allí a volverlo a intentar o ir con alguien en otro coche nos hubiese hecho cambiar demasiado los planes.

      En breve más!

  3. Buahhhh que pasada de viaje, fotos (todas increíbles) y aventuras!! Bravo!! 👍 Me gusta vuestra lucha contra la arena tanto en el coche como a pata!! Sois unos supervivientes aunque seguro q sudasteis la gota gorda. 😂😂
    Besotes y abrazotes!
    Pablo

  4. Fotos espectaculares y acompañadas de relatos muy vivenciales. Ese hundimiento en la arena me desesperó. A entrenarse subiendo escaleras de dos en dos para la próxima aventura. Gracias por compartir esa experiencia tan bonita. Hasta la próxima entrega.

  5. Pingback: Atravesando Damaraland | Siempre hacia el oeste·

  6. ¡Qué espectáculo! Tiempo sin leeros, pero veo que el nivel de fotos y de historias sigue altisimo. Sigo, para ponerme al día. :)
    ¡Enhorabuena!
    j.

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