Día 62 – La herencia de África

Salvador de Bahía nos recibió con un cambio radical del tiempo al que estábamos acostumbrados en Rio. La mañana despertaba lluviosa y gris, pero los colores de la ciudad y la vitalidad de su gente nos empujaban a callejear por sus calles empedradas, llenas de edificios coloniales que se conservan de una forma un tanto precaria y que le dan ese encanto particular a la ciudad.

Hablar de Salvador es remitirse a África. Los portugueses enseguida se dieron cuenta de que las tierras que rodeaban la bahía eran muy fértiles y especialmente adecuadas para el cultivo de dos productos que pronto se hallarían entre los más apreciados en Europa: el azúcar y el tabaco.

Unos 50 años después de la llegada de los portugueses a las costas Brasileñas se fundaba la ciudad de San Salvador de Bahía, la primera capital de la colonia.

Las extensiones para el cultivo eran enormes y los beneficios podrían serlo aún más. Habían descubierto la gallina de los huevos de oro ¿Pero cómo podían explotar esas inmensas extensiones para obtener el mayor rendimiento? La mano de obra indígena era escasa y los colonos portugueses no habían cruzado el Atlántico para deslomarse al sofocante sol del Nuevo Mundo cortando caña o recogiendo hojas de tabaco.

– ¿Qué podemos hacer João? Podríamos ser ricos y aquí estamos, de brazos cruzados bajo este sol abrasador.

– Tranquilo amigo António, he estado pensando y se me ocurre que podríamos traer de nuestras colonias africanas a unos cuantos negros para que trabajen en estas tierras. Son fuertes y están acostumbrados al calor.

– ¡Cómo no se me había ocurrido antes, João! Obrigado amigo, ¡nos vas a hacer ricos a todos!

Y así, lo que empezó siendo un movimiento migratorio puntual forzado por los colonizadores se convirtió pronto en un negocio en sí mismo. Un negocio muy lucrativo. Mercaderes brasileños, norteamericanos y centroamericanos llegaron a las costas occidentales de África para hacerse con su parte del pastel.

Poco a poco, la producción de azúcar y tabaco en Bahía fue creciendo y Salvador se convirtió en una de las ciudades más ricas y prósperas del Nuevo Mundo y en el mayor centro de importación de esclavos africanos del planeta.

Por aquel entonces, João y António ya amasaban su fortuna en sus ostentosas y elegantes casas coloniales del centro de Salvador mientras seguían ampliando sus campos de cultivo. Enviaban el peor tabaco y azúcar que daban sus tierras hacia África, para cambiarlo por más esclavos y seguir produciendo más y más.

El negocio en Brasil no se limitó sólo al cultivo de la caña y el tabaco. Poco a poco los colonos fueron hallando lugares donde el producto era aún más preciado que el azúcar y el tabaco. Oro y plata en los alrededores de Ouro Preto y diamantes en la Chapada Diamantina. La explotación de estas minas aumentó más la demanda de esclavos. En ese caso, en lugar de trabajar bajo el sol los esclavos extraían los preciados minerales a profundidades que llegaban a superar los 300 metros.

De esta manera, en África, la demanda de esclavos seguía en aumento y el negocio crecía y crecía. Para capturar a los esclavos se iniciaron numerosas guerras y “razzias” durante más de 400 años. Millones de africanos viajaron en penosos viajes hacia lejanas tierras a sufrir durísimos trabajos forzados. Otros tantos, ni siquiera llegaron a embarcar, murieron en las largas marchas hacia la costa o en los almacenes de los puertos a la espera de ser embarcados.

Los efectos económicos de la esclavitud en África fueron devastadores. Las guerras para la captura de esclavos no fueron sólo eso. Se saqueaban los productos de los poblados y el mercader recibía los esclavos y también sus cosechas, ganado, pieles, piedras preciosas… Las actividades económicas tradicionales como la agricultura, la minería o la artesanía fueron abandonadas, el negocio de la esclavitud era infinitamente más rentable.

Ya no se vendían productos, se vendía a los propios productores. Las industrias locales desaparecieron junto con la mano de obra, dejando una nefasta herencia para el futuro desarrollo del continente.

Mientras tanto, en los campos de Bahía los esclavos trabajaban de sol a sol en unas condiciones absolutamente infrahumanas. La concentración de esclavos alcanzó tal magnitud que no pasó mucho tiempo hasta que algunos grupos empezaron a valorar la posibilidad de rebelarse contra los colonos.

Pero en esa lucha la diferencia de fuerzas entre los contendientes era demasiado amplia ya que los colonos tenían armas y los esclavos sólo hambre y cansancio. Los guardias esclavistas no permitían a los esclavos realizar ningún tipo de ejercicio físico -al margen del trabajo forzado, claro está- pero nunca interfirieron en sus expresiones o ritos culturales. Así fue como los esclavos idearon practicar en su escaso tiempo libre una especie de lucha cuerpo a cuerpo simulando ser una danza para no levantar sospechas entre los colonos, la Capoeira.

Lamentablemente, todos los intentos de insurrección por parte de los esclavos fueron rápida y brutalmente sofocados por los colonos y no fue hasta 1888, con la abolición de la esclavitud en Brasil, que los esclavos pasaron a ser hombres libres. Atrás quedaban 400 años de explotación, humillación y abusos en la más triste y penosa forma de relación entre seres humanos.

La herencia de esa multitudinaria migración forzada sigue muy viva en Bahía. No sólo en el color de la piel de la mayoría de sus habitantes, sino en todas las expresiones religiosas y culturales.

Los esclavos brasileños siguieron practicando el Candomblé, una religión africana animista que rinde culto a los Orixas y que, en su momento, fue rápidamente prohibida por la Iglesia Católica y por algunos gobiernos. Hoy es la religión de más de tres millones de brasileños.

También mantuvieron su lengua, danzas, música, indumentaria y hasta su cocina. Toda esa herencia africana se vio influenciada por la cultura portuguesa que llegó desde Europa. Aún así, se dice que en algunos rincones del África occidental pueden oírse los mismos ritmos que en Bahía y comer algún plato que es típico en Salvador.

Por todo ello, Bahía es la región culturalmente más rica y diversa de Brasil y la cultura desarrollada en Salvador ha influenciado a todo el país y también a la imagen que se tiene de Brasil en el exterior.

En Bahía ya apenas se cultiva azúcar y tabaco. Las principales fuentes de ingresos de la región son el papel y el turismo. La visita a esta zona es casi obligatoria por la historia y cultura de las ciudades y por la belleza de los alrededores, con parques naturales en el interior y playas paradisíacas en la costa.

En nuestro caso nos escapamos un par de días un poco más al norte, a Imbassaí, donde encontramos una playa de arena blanca y palmeras que parecía que nos esperara sólo a nosotros.

Un buen punto final para nuestra escapada a Bahía.

Este post está dedicado a Ana que ha estado en nuestros pensamientos durante estos últimos días. Desde aquí le enviamos todo el ánimo y energía posible y un gran abrazo.

11 Respuestas a “Día 62 – La herencia de África

  1. Muy wapas esas fotos.
    Curioso, yo saque la misma foto (realmente casi identica), esa donde se ve pelourinho como si fuera un cuadro. La sacaste de la iglesia esa donde esta el cristo con los no se cuantos mil rubies?
    Como os esta yendo sino? Como hecho de menos Brasil…
    Seguid disfrutando!
    Un abrazo

  2. Guapus!! Qué envidia, qué envidia, qué enviiiidia!! Pero os sigo siempre, ehh no os pierdo la pista ;)) y gracias por los post, que son súper interesantes, y las fotos… en fin… maravillosas… Oye, Marci; cómo se llama el programa ese (sé que me lo has dicho mil veces, pero esta me lo quiero descargar) con el que editas fotos de forma sencilla? Es que ahora estoy a tope, pues mi padre me ha regalado un objetivo Tamron de 70-300mm y estoy saliendo por ahí a aprender!!

    Muaa a los 2!! Sus quiero!! Y recuerdos de Rubén!!

  3. Guau, ¡¡qué interesante la historia de Salvador!! ¡Y genial lo de la capoeira!
    Me imagino que estáis exprimiendo la Lonely Planet, eh!
    Un abrazo a los dos,
    j.

  4. Marcial! Gaby!!
    Por lo que veo en las fotos (que son impresionantes, como siempre) este país está dando de sí. Me ha encantado este post, el relato es muy interesante!
    Por cierto, esa noche estrellada…existe de verdad??? es preciosa.
    En breve os mando fotos de los peques.
    un beso,
    Sandrine,Eric, Luca

  5. hola hermanito!ya debes estar de vuelta en Rio, no?!
    muy interesante la historia de Salvador y de la Capoeira (las fotos ya las había visto, jejejejeje!).
    besitos. Carol

  6. Muchas gracias a todos por los comentarios.

    Román, qué tal por París? la foto que dices la saqué desde esa iglesia, en las ventanas que hay al lado del labavo, jeje! No me extraña que añores Brasil. Un abrazo!

    Marta, el programa se llama Lightroom (Adobe photoshop lightroom para ser más exactos). Tienes que tomar las fotos en formato RAW y con el programa las procesas y las conviertes a JPEG. Si quieres envíame un mail y te comento con más detalle. 70-300? ese me lo tienes que prestar cuando vuelva! Besos.

    Sandrine, esa noche existe. La foto la hice desde la posada en la que estábamos en Imbassai, se ven muchas estrellas porque la luna no había salido aún a esa hora. Si hay luna no se ven tan bien. Supongo que no se puede tener todo. Esperamos esas fotos de los peques!

    ¡Un abrazo para todos!

  7. Pingback: Día 70 – La fiebre del oro « Siempre hacia el oeste·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s