Día 223 – Desabastecimientos, inundaciones y cambios de planes

Muchas de las neveras y estanterías del supermercado estaban vacías. El suministro habitual no había llegado a la ciudad desde hacía un par de días y las noticias en la televisión no eran nada halagüeñas, con previsión de más y más lluvia. La gente llegaba al supermercado para abastecerse con lo que fuese por si los peores pronósticos se cumplían. Se juntaba el hambre con las ganas de comer, la falta de oferta con el exceso de demanda… Y, además, la previsión meteorológica se cumplió.

El día en el que debíamos llegar a Brisbane con un vuelo desde Sydney el río iba a alcanzar su mayor nivel anegando gran parte de la ciudad. Después de muchas semanas teníamos de nuevo la posibilidad de alojarnos en casa de algún amigo y dar un respiro al excesivo gasto que nos estaba suponiendo visitar Australia. No nos faltaban ofertas: por un lado, la hermana de Daniel (quien quizás recordéis de nuestro paso por Chile), también Jeff y Eliza (a quienes conocimos en Ushuaia) y María (a quien no pudimos ver en Sydney por la marabunta que abarrotaba los parques de la bahía la noche de fin de año). A pesar de que todos nos ofrecieron su techo no pudimos ver a ninguno de ellos.

Víctimas de nuestra propia desorganización llegamos al aeropuerto de Sydney la noche antes del vuelo que nos debía llevar a Brisbane. Consultamos el correo y nuestros amigos nos confirmaron que las inundaciones que habíamos visto en televisión llegaban a su punto más dramático. Todos nos recomendaban que cambiáramos el vuelo, que no fuésemos a Brisbane.

Tras pasar la noche en el aeropuerto nos acercamos a primera hora al mostrador de Qantas para pedir que nos cambiaran el vuelo para ir directamente a Cairns, mucho más al norte y destino final de nuestro periplo por Australia. Nos dirigieron al mostrador de ventas donde la azafata de turno nos dijo que no nos podía ayudar, pero que había un teléfono en el mostrador que podíamos utilizar para llamar a un número gratuito. El mismo número al que habíamos estado llamando toda la noche y que tenían las líneas colapsadas. Tras vernos esperar largo rato a que alguien atendiera ese teléfono colapsado, y quedando solo media hora para que cerraran la facturación de nuestro vuelo, se dignó a regañadientes a prestarnos la ayuda que antes nos había negado. Cinco minutos después teníamos un vuelo directo a Cairns.

Nos tocaba reorganizar el viaje en poco tiempo y asumir que no íbamos a poder recorrer la costa de Queensland, una de las zonas de Australia de las que mejor nos habían hablado siempre. Tratamos de adelantar el vuelo hacia Asia. No era mala opción teniendo en cuenta que los precios de Australia tenían nuestras cuentas corrientes temblando desde hacía días. Puestos a ver algo positivo, no había mal que por bien no viniese.

¡Dos o tres días en Cairns aguantando el chaparrón y para Asia! Pero no iba a ser tan fácil. Los vuelos estaban completos y sólo lo pudimos adelantar tres o cuatro días. Bueno, volvamos a organizar… Teníamos que pasar una semana en Cairns con el aguacero encima y Cairns ciudad se visita en una tarde con merienda incluida. En contra de lo que cualquier persona con dos dedos de frente nos habría recomendado al ver nuestro particular déficit presupuestario, nos liamos la manta a la cabeza una vez más. Coche de alquiler, tienda de campaña y a recorrer los alrededores de Cairns.

Nos dirigimos al Norte, hacia el Parque Nacional ‘Cape Tribulation’ y el ‘Daintree Forest’. Allí pasamos tres días entre vegetación y clima tropical que se hacía notar a última hora de la tarde, cuando nos visitaba, puntual a su cita, una lluvia torrencial. En la oficina de turismo preguntamos cuáles eran las posibilidades que nos ofrecía esa zona. Paseos a caballo, excursiones para avistar pájaros y observar cocodrilos, entre otras, pero una vez más, todo era de pago y precios bastante elevados. Preguntamos cual era la mejor playa para refrescarnos, pero nos dijeron que no podíamos bañarnos por las medusas y los cocodrilos… Por suerte, el parque tenía habilitados algunos caminos que te adentraban en la selva tropical, sin coste, así que esa fue nuestra opción, hartos ya de pagar precios desorbitados por cosas que no lo valían.

Casi sobra decir que a los dos días asumimos que la tienda de campaña la llevábamos más de paseo que otra cosa. Los campings estaban cerrados o eran lodazales impracticables. Unos días después vendíamos todo el equipo de camping en una tienda de segunda mano en la que estaban más preocupados de asegurar los sacos de arena para prevenir la inundación del local que por darnos un buen precio por todo lo que nos queríamos sacar de encima.

Continuamos nuestra ruta hacia los ‘Tablelands’, al oeste de Cairns. Allí pasamos los días entre cascadas, bosques, praderas y vestigios de volcanes ya extintos, tratando de ver –con muy poco éxito– a alguno de los raros animales que habitan esa región.

El último pueblo que visitamos fue Yungaburra, al lado del lago Tinaroo. Allí coincidimos con otros viajeros que recorrían Australia con un presupuesto parecido al nuestro. Tras saborear la ‘aussie b-b-q’ que nos preparó Tracy, la recepcionista del albergue, hicimos una larga sobremesa con un único tema de conversación: lo ridículamente caro que es Australia. Todos los allí presentes éramos europeos y habíamos llegado a la misma conclusión: si tuviésemos que visitar Australia desde nuestros países de origen en un viaje de vacaciones no lo haríamos.

Viajar a Australia con un presupuesto limitado conlleva el riesgo de obsesionarse con los precios y no disfrutar. Las distancias son grandes. Los atractivos del país que verdaderamente merecen la pena están muy alejados los unos de los otros y el transporte es caro. De hecho, las tres cosas esenciales para el viajero: comer, dormir y moverse son caras. Que dormir en una cama, tomar un yougurt o viajar en avión se convierta en un capricho no es divertido.

Para todo lo demás, ya sabéis: ‘Mastercard’ y ¡a disfrutar!

5 Respuestas a “Día 223 – Desabastecimientos, inundaciones y cambios de planes

  1. Qué maravilla!! A mí que Australia nunca me ha llamado la atención…ya ves.

    Por cierto…¿dónde andaréis en semana santa??? digo, esto es sobre el 29 de abril…

    Bueno, ya se lo pregunto a Manolo por el fb, que será más fácil la comunicación jer jer

    Besos!!

  2. Australia será todo lo caro que queráis, pero un país donde puedes visitar un pueblo llamado Yungaburra hay que recomendarlo.
    Un consejo para vuestra economía: abrid una cuenta en Paypal, y ya os iremos haciendo donativos vuestros fieles lectores.
    Un abrazo,
    j.

  3. Gracias Elisa… Abril? En algún sitio del Sudeste Asiático. Es muy fácil, reserva un vuelo a Kuala Lumpur, Singapur o Bangkok (lo que sea más barato) y desde allí pillas un vuelo ‘very low cost’ hasta donde estemos… Un beso!

    Jorge no nos des ideas… Un abrazo!

    Gracias Teje!

  4. Pingback: Día 227 – La ciudad del León | Siempre hacia el oeste·

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