Día 146 – Torres del Paine

Cruzamos la frontera chilena camino a nuestro próximo destino, Puerto Natales. Una vez allí no fue difícil encontrar el hostal más barato del pueblo y empezar a organizar nuestra visita al Parque Nacional Torres del Paine.

Aunque se encuentra muy cerca, el macizo Torres del Paine no forma parte de la cordillera de Los Andes. Se trata de un grupo de montañas aislado cuyo origen se debió al violento choque de dos placas tectónicas. El macizo sobresale en mitad de la llanura dándole así un aspecto único a estas montañas, imposible de ver en una cordillera donde, al lado de un grupo de grandes montañas siempre hay más y más montañas.

No disponíamos de mucho tiempo así que debíamos ser rápidos para, al menos, poder pasar en el parque dos noches y tres días. Melinda, la dueña de nuestro decadente y descuidado hostal nos comentó que ella tenía material de acampada para alquilar a buen precio. Aceptar la oferta nos permitía no perder tiempo buscando el material en el pueblo así que, tras revisar por encima la tienda y los sacos, aceptamos la oferta. Era cutre pero barato y, total, para dos noches…

Al mediodía ya estábamos camino al Parque Nacional cargando los bártulos del camping al más puro estilo Paco Martínez Soria. Nos cruzábamos con gente con sus mochilas impermeables, bastones de carbono, The North Face, gore-tex, sacos de -15º, etc… Mientras, nosotros avanzábamos con nuestras pequeñas mochilas de donde colgaban esterillas, sacos, la tienda y todo nuestro cutrematerial de acampada. La estampa seguro que hizo dibujar una sonrisa en la cara de esos ‘pros’ del trekking que venían desde lejos a hacer el gran circuito de 96 kms. alrededor del macizo o el conocido trekking “W” de 67 kms. Nuestras aspiraciones, con sólo tres días, eran mucho menores.

El equipo de Gaby. La mochila cortesía de ‘5 jotas’ que regalaban con un jamón… Y sí, de ella cuelga la tienda ya famosa en todo el parque asegurada con un fantástico cordón roto de zapato hallado en el hostal de Melinda

Así, nuestro objetivo para el primer día era alcanzar el Refugio Chileno, donde debíamos acampar la primera noche. El refugio se hallaba a medio camino del Mirador de las Torres punto al que debíamos llegar el segundo día para poder admirar, de cerca, el principal icono del parque, las Torres del Paine.

Empezamos a caminar hacia arriba bajo una fina lluvia. La calidad de nuestro equipo pudo verse incluso superada al incorporar a nuestros sacos de dormir (que colgaban de la mochila de Marcial) una protección de máxima impermeabilidad: una bolsa de basura que Gaby consiguió en el Centro de Visitantes del Parque. ¿Para qué gastar en fundas impermeables cuando una bolsa de basura hace el trabajo? ¡Hala!, un nudo en el asa de la mochila y a tirar millas…

La mochila de Marcial. Bueno, la mochila (que era lo mejor) no se veía. Tres esterillas estratégicamente colocadas y los dos sacos en la bolsa de basura

A pesar de la máxima fiabilidad que nos proporcionaba el invento de la bolsa, pronto, a medida que avanzábamos y subíamos, aquella fina lluvia se convirtió en nieve ligera y seca que ya no calaba. A medida que avanzábamos los copos se hacían más y más grandes y el paisaje que nos rodeaba se cubría de blanco. Las oscuras nubes que nos habían acompañado desde nuestra llegada parecían bajar cada vez más, moviéndose con velocidad arrastradas por el fuerte viento reinante.

La verdad, la cosa no pintaba nada bien. A unos 5 kilómetros del refugio la tempestad de nieve arreciaba y, aunque en ningún momento dudamos de que alcanzaríamos nuestro destino, nos preguntábamos si esas nubes se levantarían al día siguiente, si nos dejarían ver las Torres, si, en definitiva, el esfuerzo y el sufrimiento bajo la tormenta de nieve, valdrían la pena.

Tras más de tres horas de penosa caminata, alcanzábamos el Refugio Chileno con bastante frío y bajo una intensa nevada. La noche de acampada se presentaba bastante difícil. Nada más llegar, sin dar oportunidad a quedarnos fríos o arrojarnos al hogar del interior del refugio, decidimos montar la tienda. Rodeados de modernas tiendas de la mejor calidad, nuestra carpa parecía haber estado guardada en un armario de Almodóvar desde los 70 y, desde luego, no pensaba destacar positivamente respecto al resto de nuestro equipo de acampada. Estiramos la tienda en el suelo e intentamos ver cómo montarla… Tras un buen rato, nos hicimos una idea y conseguimos levantarla. Un par de varillas rotas unidas con esparadrapo y la falta de unas cuantas cuerdas le daban a la tienda ese toque que tan bien nos caracterizaba.

Y aquí nuestra tienda… como ven, aún con claros síntomas de amorfismo aguantó bien la nevada de la primera noche

Seguía nevando y, ahora sí, al calor del hogar del refugio disfrutamos de un par de sopas deshidratadas con cabellitos de pasta acompañados por amigos conocidos en El Chaltén y deseando -y rezando- para que el día siguiente amaneciera con otro aspecto.

Durante la noche continuó la nevada, lo que mantuvo la temperatura sólo un poco por debajo de cero, vestidos dentro del saco, con gorro y con dos calcetines gordos por pie aguantamos bien el frío hasta las 4 ó 5 de la mañana. Con las primeras luces volvimos a entrar al entonces solitario refugio echando más leña a las brasas que, por fortuna, aún se mantenían vivas de la noche anterior.

Esas primeras luces vinieron como se fueron las últimas del día anterior: continuaba muy nublado y nevando. Llegar al Mirador de las Torres iba a ser complicado por la nieve caída y nada parecía indicar que pudiera verse algo ahí arriba. Esperamos unas horas en el refugio en las que, por momentos, cesaba la nieve y parecía que las nubes empezaban a moverse, incluso algún atrevido rayo de luz iluminaba por instantes parte del paisaje… Tras un par de horas de espera, desde el refugio se pudo ver por primera vez y sólo por unos minutos un pequeño pico cercano. Debía ser una señal, o una excusa para, al menos, intentarlo. Ya a medio camino del Mirador ¿por qué echarse atrás?

Así nos echamos de nuevo al camino, siempre hacia arriba. Ya no nevaba pero el viento era racheado e intenso. Sólo los bosques que de vez en cuando escoltaban al camino nos protegían del viento permitiéndonos disfrutar con más calma del precioso paisaje nevado.

En una hora y media alcanzábamos el Campamento Torres. Allí el bosque desaparecía y ya sólo quedaba una intensa hora de empinada subida por un cerro pelado, sólo cubierto de piedras de todos los tamaños. Desde allí, apenas podíamos ver la forma de las Torres cubiertas por las nubes.

El camino hacia arriba era bastante duro y la cantidad de nieve convertía el sendero en una superficie de lo más resbaladiza. Ahí echamos mucho de menos los bastones que otros caminantes llevaban. Seguimos hacia arriba intentando no pensar mucho cómo íbamos a bajar luego sin que nuestro culo acabara totalmente empapado.

Últimos metros antes de llegar al Mirador. Al fondo, se adivina la forma de una de las torres entre las nubes

Tras una hora de extenuante subida e innumerables resbalones alcanzábamos nuestro objetivo: el Mirador de las Torres. Lo habíamos conseguido. A nuestros pies la laguna, encima de ella las verticales paredes de los pies de las Torres sobre las que se asienta el Glaciar Torre y, finalmente, coronando la vista, las tres Torres aún cubiertas por nubes. Nos sentamos a recuperar el aliento y disfrutar de la mermada vista. Eran las 10 de la mañana.

Sólo unos minutos después, unos rayos de luz empezaron a iluminar durante escasos segundos la pared de alguna Torre, el color azul, poco a poco parecía ganarle terreno al gris y las verticales formas de esas montañas se veían cada vez con más claridad. Eran las 10:15 y, allí arriba, acompañados por una simpática pareja de franceses, pudimos disfrutar por unos minutos de aquel paisaje en todo su esplendor. Nuestra suerte había cambiado tras la experiencia en El Chaltén y estábamos muy agradecidos.

Diez minutos después las nubes volvieron a tapar casi la mitad de las torres. Eran las 10:30 y ya estaba más nublado que cuando habíamos alcanzado el mirador, media hora antes. Empezamos el descenso bajando como buenamente podíamos, resbalando cada tanto aunque siempre sin consecuencias mayores que un buen trastazo. El camino, antes blanco, se empezaba a convertir en un río de lodo de lo más incómodo para caminar tras el paso de muchos caminantes que se dirigían al mirador. Por lo que pudimos comprobar después hablando con otras personas que subieron al mirador ese día, nadie tuvo la fortuna que nosotros sí tuvimos. LLegamos al Mirador en el momento preciso.

Pasado el mediodía llegábamos de nuevo al Refugio Chileno, desmontamos nuestra tienda y nos dirigimos hacia el sur, al Lago Pehoe, con el fin de poder ver la otra gran atracción del Parque Nacional: otro grupo de picos denominadas Los Cuernos. La fortuna nos seguía sonriendo, la vista de los cuernos desde el lago no podía ser mejor… Fue un atardecer espectacular.

Volvimos a montar nuestra destartalada carpa a orillas del lago y, aunque la temperatura fue mucho más agradable que en el Refugio Chileno, esa noche el viento fue el protagonista. Las rachas sacudían de tal manera la tienda que era muy difícil dormir. Sobre las cuatro o cinco de la mañana nos despertamos con la tienda caída literalmente en nuestra cara. Los esparadrapos y las cuerdas de refuerzo ya no aguantaron más. Aún así, logramos enderezarla de nuevo y pudimos dormir un rato más.

El día siguiente, nuestro último día en el parque, no era apto ni para salir a dar un paseo. El viento y la lluvia eran tan fuertes que tuvimos que refugiarnos en el restaurante del camping toda la mañana. La verdad, nos dio igual… tuvimos toda la suerte del mundo el día anterior, llegando al Mirador de las Torres a la hora precisa y, luego, disfrutando de la vista de los Cuernos desde el Lago Pehoe.

No podíamos pedir más.

11 Respuestas a “Día 146 – Torres del Paine

  1. se me pone la piel de gallina de verlos en tantos apuros climaticos,para conseguir los objetivos de ver tanta belleza,que uno no lo cree sino al encontrarse de frente con el objetivo,me vuelven a sorprender,y cuidense un beso inmenso.

  2. Hola gabi y marcial, aqui desde el frío de Nueva York (que hoy ha nevado) enviadiamos vuestro equipo de alta montaña, nos hubiera venido genial para estas tierras!! Gabi veo que de algo te han servido nuestros fines de semana de camping en playa de aro, te han dado una larga experiencia que has podido compartir con Marcial, seguro fuiste la guia para montar la tienda!! Bueno fuera coñas, Ole como habeis aguantado!! Pero vemos que el paisaje merecia la pena!! Un fuerte abrazo de las dos!!

  3. Menudas pintas con esas bolsas de basura y ese cordón milagroso… Por un momento me habéis parecido unos homeless del Raval, pero el paisaje no admite dudas. ¡Increíble!
    Ah, un pajarito nos ha chivado que estáis ya en otro continente… A ver si arregláis el ‘Google Maps’ para saber vuestro itinerario.
    Un abrazo,
    j.

  4. ¡Menudo lío! Comparado con vuestro equipo, mi tienda-tortuga es un lujo ;-)
    Esperamos que el equipo de Nueva Zelanda sea un poco mejor.

    Muchos besos!

    Mm y Laia

  5. Sin palabras!que bonito recuerdo estais creando!sin duda una experiencia dura xo seguro q no olvidareis algunas de esas maravillosas imagenes!gracias xdejarnos disfrutar de todo y acercarnos a lugares q dlo cntrario no conoceriamos jamas!enjoy

  6. Quién os ha visto y quién os ve! Dos prestigiosos abogados con su bolsa de basura y su tienda de “design”. Nos hemos reido un rato. Besotes guapos.

  7. Tío Carlos, como dice el dicho “quien algo quiere algo le cuesta”. Al final el tiempo nos recompensó por nuestro esfuerzo! Un beso

    Montse y Núria, ¡cómo me acordé de esos fines de semana! Eso sí, de montar tiendas no aprendí nada porque tuvimos que pedir ayuda…Pasadlo bien en la gran manzana. Besos

    Jorge, estamos a vueltas con el maldito google maps. Íbamos con lo que pudimos conseguir en poco tiempo, aunque finalmente logramos los objetivos!

    Lorena, gracias por seguirnos! Realmente la excursión fue una aventura, pero el objetivo lo merecía! Un abrazo

    Sandra, y que lo digas…eramos el hazmereir del parque, pero nosotros sin complejos…

  8. menuda experiencia parejita….la verdad es que me he preocupado mucho por vuestra espalda cuando he visto donde “plantasteis” la tienda de campaña en el refugio chileno…!!!!lo que está claro es que os estáis poniendo en forma y que en vuestra retina quedan imágenes que nunca podréis olvidar. Carol

    • Hola Felipe. Fue en el mes de noviembre. Imaginamos que en septiembre hará aún más frío y quizás encuentres también más nieve. Esperamos que disfrutes mucho de esa naturaleza impresionante.

      Saludos y gracias por seguirnos!

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