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Día 189 – ¡Bula Fiji!

Nada más embarcar en el vuelo de Air Pacific que debía llevarnos a Fiji nos dimos cuenta. Sí, allí las cosas iban a ser diferentes. Una música playera, alegre y pegadiza daba la bienvenida efusivamente y la tripulación, con la clásica flor en la oreja, sonreía y saludaba a todos los pasajeros: ‘¡bula, bula!’ Air Pacific se autoproclama la aerolínea más amistosa del mundo y, visto lo visto, podemos dar fe de que así es.

Tres horas después llegamos al aeropuerto internacional de Nadi, el principal centro turístico del país, desde donde los visitantes escogen y viajan a cualquiera de las islas del archipiélago. Fiji es un país desperdigado geográficamente, formado por 322 islas principales y 522 menores. Su historia está íntimamente relacionada con el Reino Unido, ya que las islas fueron colonia británica desde 1.874 hasta 1.970. A partir de ese año la Reina Isabel II de Inglaterra siguió reinando las islas hasta el golpe de estado de 1.987, en el que Fiji se proclamó República. Durante los años de la colonia no sólo se establecieron en las islas colonos británicos. Los ingleses trajeron a miles y miles de trabajadores desde la India para explotar al máximo los campos de cultivo. Esa inmigración forzada conformó la sociedad actual fijiana y trajo consigo numerosos problemas de convivencia, que continúan vivos a día de hoy, entre los habitantes nativos y los descendientes de aquellos indios que rozan el 40% de la población.

La historia reciente de Fiji está repleta de sucesivos golpes de estado que nativos e indios fijianos se turnan en acometer, siempre impulsados por la tensión racial y por las interminables y mutuas acusaciones de corrupción… Ahora unos, luego los otros, imponiendo cada uno a un primer ministro de su etnia. En 1.990 los nativos proclamaron una nueva constitución que les daba todo el poder político, pero tras varios problemas sociales en 1.997 se enmendó para permitir entrar al poder a los indio-fijianos. En el 2000 fue el turno, de nuevo, de los nacionalistas nativos, después, el mismo año, el de los indios. Tu turno. De vuelta en 2006 volvieron a producirse golpes de estado y la inestabilidad política se alargó durante años. Te toca. En 2009 se nombró por la fuerza un nuevo ministro… Aún hoy, parece que la irreconciliable relación entre política y estabilidad en Fiji puede seguir dando vueltas de tuerca aunque recientemente se formó lo que se conoce como el Gran Consejo de Jefes, un ente representativo de las diferentes etnias con poderes bastante limitados salvo en caso de crisis. No parece que este Consejo vaya a ser la solución a los males del país, pero algo de esperanza queda si las dos principales etnias se han puesto de acuerdo, al menos, en tener una especie de árbitro para cuando el partido se ponga feo. Veremos.

Parece mentira que unas islas paradisíacas como estas, con su ritmo insultantemente lento, con las sonrisas de todos y cada uno de sus habitantes, pueda tener esa reciente historia política. No le pega. Y, al final, el turista que llega se va a un resort y no ve nada de eso. Quizás, como mucho, le llame la atención la cantidad de indios que verá en las calles de Nadi o de la capital el día que espere para ir a su resort o tomar el vuelo de vuelta a casa. Al fin y al cabo, el turismo es uno de los principales activos del país y no interesa que el turista vea lo que se cuece en la trastienda. Aún así, la tensión entre etnias apenas se nota en la calle, hay matrimonios mixtos, amigos y compañeros de trabajo. Daba la impresión de que las rencillas estaban más arriba o, quizás, alimentadas –y exacerbadas– por los propios políticos y sus intereses… ¿Os suena?

Y sí, nosotros, con sólo seis días por delante, íbamos a ser allí más turistas que otra cosa. De hecho, más turistas que nunca. Barajamos varias opciones pero, después del desgaste de tienda, esterilla y saco que acumulamos en Nueva Zelanda, nos decantamos por la más habitual: unos días disfrutando de las fabulosas playas sin preocuparnos más que por relajarnos, leer libros y no quemarnos con el sol… ¡Fiji time!

Eso sí, con lo que nuestro presupuesto podía soportar. Contactamos con un resort adecuado para nuestra economía y la misma suerte que nos sonrió la noche que embarcamos en el NAVIMAG volvió a aparecer. No sabíamos a cuento de qué nos hicieron un upgrade en la categoría de nuestra habitación. De este modo, sin comerlo ni beberlo, nos encontramos disfrutando de un ‘bure’ (cabaña privada) frente a la playa a precio de mochilero.

Así fue como nuestros días en Fiji los pasamos en Walu Beach Resort, en la Isla Malolo, la más grande del conjunto de las Mamanucas. Alguna de las islas de este conjunto se hicieron conocidas por ser los escenarios que se utilizaron para famosas películas como “Náufrago” con Tom Hanks o “Laguna azul” película que catapultó a Brook Shields. El resort de Walu Beach fue construido para un programa de televisión, un ‘reality show’ al que llegarían un grupo de jóvenes sin saber que debían acabar las obras de construcción y convertir el recinto en un auténtico resort de lujo. El programa se emitió en Australia con el nombre de ‘The Resort’ pero no tuvo mucha audiencia y no duró en parrilla (¿tendrían buen gusto los australianos?) Con el recinto construido sólo les quedaba la salida de transformar el plató en un auténtico resort para recibir a turistas de verdad.

Tras un trayecto de 45 minutos en barco desde Nadi llegamos al resort donde todo el personal nos recibió en el muelle cantando y tocando canciones típicas, todos con su mejor sonrisa y con su inseparable flor sobre la oreja. Más tarde nos contaron que esa flor se llama ‘bua’ y que el lado en el que se coloca la flor tiene un significado: si es el derecho significa que la persona está casada o comprometida, mientras que el izquierdo indica que esa persona está soltera. A más de uno le gustaría que eso se adaptara en España ya que sería bastante útil en según que situaciones…

Nuestra actividad diaria cambió radicalmente, dejamos de cargar las mochilas para tener una rutina mucho más sosegada y obligatoriamente sedentaria. Aún así, cada día navegábamos con un kayak, cortesía del resort, hasta a una diminuta isla rodeada de coral donde podíamos hacer un poco de snorkel y descubrir la vida que se desarrolla bajo esas aguas.

Suponemos que las aguas del sudeste asiático nos sorprenderán más, pero sin llegar a hacer buceo y acercándonos a zonas que alcanzábamos remando con el kayak, nos llevamos una grata sorpresa con todo lo que se movía por ahí abajo.

Esa era nuestra sesión diaria de ejercicio. El resto del tiempo lo disfrutamos charlando con la gente, saboreando alguna cerveza que nunca estaba lo suficientemente fría (¡dónde quedaron las cervezas heladas de Brasil!), sumergiéndonos en alguna aventura ajena a la sombra de un buen libro, tratando de ponernos al día con el blog… y, sobre todo, disfrutando del buen clima que tuvimos esos días.

Días antes habíamos leído que de noviembre a marzo es la época húmeda en Fiji y que son habituales las lluvias y los ciclones. Y así nos lo confirmó la previsión del tiempo que consultamos…anunciaban lluvia y tormentas desde el 25 de diciembre en adelante…Pero el tiempo, que parece estar de nuestro lado en este viaje, nos dejó disfrutar de una semana de sol y cálidas temperaturas. Únicamente cayó alguna que otra lluvia tropical al atardecer y pudimos ver alguna tormenta nocturna sobre el mar que más que molestarnos nos mostró alguna imagen distinta de lo que llaman el paraíso.

La rutina, como toda rutina que se precie, tenía sus horarios y sus reiteraciones. El repique de unos troncos de maderas sobre una piedra advertían del inicio de la hora de comer, del happy hour vespertino, o de la cena… la vida a ritmo de resort.

Hasta aquí todo muy bonito… Y aunque pasamos unos días estupendos que aprovechamos al máximo para descansar y relajarnos, debemos revelar que no fue oro todo lo que relució durante esos días… Como los protagonistas de la requeteemitida película “Esta casa es una ruina” fuimos descubriendo que nuestro ‘bure’ también tenía sus pequeños problemas. Para empezar no teníamos llave porque el huésped anterior se había olvidado de devolverla y se la había llevado a Nadi y ¡para qué tener otra copia!, dejemos la puerta abierta que aquí nunca pasa nada… Cada vez que nos duchábamos se inundaba el baño y ya teníamos el chapoteo montado para el resto del día, la cortina que cubría nuestra puerta se descolgaba si tirabas demasiado fuerte, las mamparas que separaban los ambientes se caían… Desde luego, los chicos del programa de televisión no debían tener mucha idea de alicatados ni carpintería… Nos lo tomamos con humor y empezamos a entender el por qué del upgrade que recibimos.

Al margen de esos pequeños inconvenientes, el segundo día encontramos en la habitación una araña del tamaño de la palma de una mano correteando por la pared… El mismo día por la noche vimos saltar del techo una cucaracha del tamaño de un dedo que no resistió nuestro despiadado ataque chancletil. Nos acostamos y, tras unos minutos de silencio y de vueltas hacia un lado y otro de la cama nos preguntamos ‘¿estás pensando en la araña?’ ‘Sí, y en las cucarachas…’ Así era imposible conciliar el sueño. Recordamos entonces que en el fondo de la mochila llevábamos una mosquitera que había quedado totalmente relegada desde que nuestra amiga Mónica se fue de Brasil. La colocamos y dormimos como angelitos en nuestra burbuja de tela.

La última noche de nuestra estancia, algunos miembros del staff prepararon ‘kava’. Ésta es una bebida hecha con las raíces molidas de una planta llamada ‘yaqona’ mezclada con agua. Se dice que la bebida tiene efectos sedantes, que se utiliza para relajar los músculos aunque sin afectar a la mente.

Dicen que uno de los principales usos es para aquellos que tienen que trabajar muchas horas bajo el sol para no notar los efectos del astro sobre la piel. Nosotros participamos en el corro que se formó alrededor de la persona que preparaba y servía ese brebaje y tomamos 3 ó 4 cuencos de esa extraña bebida de color marrón y con sabor a tierra sin notar ningún efecto destacable.

Dejábamos la isla un día antes de fin de año, otro destino nos esperaba, aunque no nos hubiese importado disfrutar de la fiesta que preparaban en Fiji para esa gran noche. Según nos explicaron el día 31 la gente debe solucionar los problemas que tiene con amigos, familia, vecinos y quedar ‘limpio’ antes de ir a la iglesia con toda la familia. Se debe pedir perdón a las personas ofendidas y resolver las rencillas con amigos y familiares. Después de ir a la iglesia, se celebra la llegada del nuevo año como marca la tradición, mojándose los unos a los otros. La gente se tira agua durante toda la noche y las formas, al parecer, no importan mucho… cubos, globos, mangueras… Todo vale para impedir que alguien quede seco. Nos pareció una forma muy original de empezar el año y, hasta se podría importar lo de intentar solucionar los problemas que uno tiene, hablar con la gente con la que se ha tenido alguna diferencia… Lo del agua, aunque divertido, habrá que hacerlo en Fiji porque con el frío…

Antes de que nos diéramos cuenta volvíamos a embarcar en otro vuelo de Pacific Air y los ‘¡Bula!’ de la tripulación ya no nos parecieron tan alegres como los del primer día. Agotábamos la semana escasa que pasamos en aquellas maravillosas islas, agotábamos lo que habían sido unas pequeñas vacaciones de nuestro viaje.

Vinaka Fiji!